26 de abril
Miércoles
Mayormente despejado
21°
Jueves
Despejado
20°
Viernes
Despejado
22°
Sábado
Despejado
11°
24°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Opinión
jueves 9 de marzo de 2017, 02:00

Los 3 gobernadores del Guairá

Miguel H. López – En TW: @miguelhache
Por Miguel H. Lopez

La situación de crisis política que atraviesa la Gobernación del Guairá, que ahora cuenta folclóricamente con tres gobernadores para una sola gobernación, es la muestra clara de la debilidad y vulnerabilidad de las instituciones democráticas; y la casi inexistencia de políticos que efectivamente asuman con responsabilidad el cumplimiento del contrato llamado Constitución Nacional y sus sucedáneos jurídicos. La República, entendida como régimen democrático, les importa un huevo. Ya ni hablamos de la inmoralidad política de quienes –en su casi totalidad– tienen hoy bajo su poder los destinos de la res pública.

Rodolfo Friedmann, Óscar Chávez y Rodolfo Pereira, a la sazón, son los gobernadores actuales del Guairá.

El primero lo era, hasta que días atrás se casó y fue de luna de miel. Entonces, apareció su supuesta renuncia con dudosa firma, y la Junta entronizó en su reemplazo al segundo. El primero regresó y un juez le repuso en el cargo. Nueve de trece concejales ahora le desconocen. En medio de tal crisis y la correspondiente batahola entre partidarios y detractores en las calles, otro juez resolvió designar gobernador al tercero. Tal la situación, el drama está instalado; y si bien Friedmann es el legítimo electo en comicios generales, debe determinarse si la firma en la renuncia es apócrifa; y definirse la jurisdicción de los magistrados que emitieron sus respectivos fallos.

La trastienda de todo el espectáculo circense a lo gua'i es la disputa por un feudo político con importantes recursos económicos y las cercanas elecciones generales. Maristas (Mario Abdo Benítez) y cartistas (Horacio Cartes) están visiblemente exhibidos en la disputa. A tal nivel llega la cerrazón político-mental, que hasta un consejero de Yacyretá –sin vela en el entierro y perteneciente a la línea del presidente de la República– se fue a fiscalizar obras hechas por la administración de Friedmann para detectar hechos de corrupción.

Las instituciones del Estado no están, no existen, no sirven, no aparecen, en la crisis en el Guairá. Cada sector tiene su juez y cada gobernador sus concejales y su pueblo. Mueve a risa, por lo aparentemente cómico; pero en la pragmática política mueve a drama, es sencilla y gravemente un golpe institucional, una suerte de golpe de Estado, a lo chambón, a lo chapucero, a lo Paraguay. Un golpe más mamarracho que el perpetrado contra el gobierno constitucional en junio del 2012.

La señal es peligrosamente clara: a cualquier gobierno –central, departamental o municipal– lo pueden madrugar inventándole una renuncia y el sistema perverso se moverá para legitimarlo.

Un atropello...