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Opinión
miércoles 21 de septiembre de 2016, 01:00

López y Horacio Cartes

Por Guido Rodríguez Alcalá
Por Guido Rodríguez Alcalá

En el Paraguay existe la manía de la historia. Cada vez que un político quiere justificarse, dice que está en la línea de los Comuneros, del doctor Francia o de Carlos Antonio López; cada cual con su edad de oro. Ahora nos proponen volver a los tiempos de don Carlos, cuando este era el país más próspero del mundo. Declaraciones del ministro de Cultura, Fernando Griffith.

Según el ministro, no había esclavitud en tiempos de don Carlos. Falso. La esclavitud se abolió solo parcialmente por el decreto de libertad de vientres (noviembre de 1842), firmado por el entonces cónsul López. Por el decreto, los nacidos a partir del 1 de enero de 1843 quedaban libres a los 25 años (los varones) y a los 24 años (las mujeres). Sin embargo, los nacidos antes de 1843 siguieron siendo esclavos; todavía en 1868 quedaban esclavos en el Paraguay, según documentos del Archivo Nacional.

En el Archivo no existe ninguna prueba de que, con López, el analfabetismo hubiera llegado a cero, como dice el señor Griffith. Por entonces no había estadísticas sobre analfabetismo, que debía ser alto. En 1811 era muy alto: se estimaba que el 90% de la población de España era analfabeta, y el porcentaje aún mucho más elevado en las colonias americanas de España. En el siglo XIX no había alfabetización en guaraní, y como la gran mayoría de los paraguayos (más del 90% según ciertos autores) hablaba solamente guaraní, esa mayoría era analfabeta. En el siglo XIX, las niñas paraguayas no iban a la escuela, o sea que llegaban a adultas analfabetas, excepto quienes tomaban clases particulares, las de familia adinerada (una minoría). Don Carlos hizo mucho por la educación, excepto milagros, porque no era Dios.

López tuvo una política nacionalista. Contrató técnicos extranjeros para hacer un trabajo estrictamente técnico, dentro de un programa definido por el Gobierno paraguayo. Él no hubiera permitido que ninguno de esos técnicos le escribiera sus discursos (se bastaba solo), ni que le impusiera los programas de educación, ni la política económica, ni los planes de desarrollo. El crecimiento económico de aquellos tiempos se logró sin endeudamiento externo y concesiones a factores de poder internacionales.

Pese a la recomendación del ministro, la de volver a López, la política de Horacio Cartes es desnacionalizadora: quiere que el Paraguay sea atractivo ("una mujer fácil") para los inversionistas internacionales. En esa línea negocia un acuerdo internacional secreto llamado TISA (siglas en inglés), sobre el cual hay buena información en intenet (https://actualidad.rt.com/actualidad/179134-amenazas-tratado-secreto-servicios-tisa-wikileaks). Son mayormente filtraciones de WikiLeaks sobre el carácter desnacionalizador de TISA, que pretende beneficiar aún más a las empresas multinacionales, y que merecen la atención de la ciudadanía.