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Arte y Espectáculos
domingo 21 de agosto de 2016, 01:00

Logrado filme documental, que emociona y motiva

Por Marisol Ramírez

La película documental estadounidense-paraguaya, desde la dirección de Brad Allgood y Graham Towns- ley, es una oportunidad para el mundo de observar la magia y belleza, no solo de objetos desechados por unos y transformados en instrumentos musicales por las brillantes manos de don Colá (Nicolás, el lutier), sino también de conocer la sorprendente transformación de las vidas de muchos niños y sus familias a través de la música.

Esta es de esas cintas que logran conmover, motivar y mirar la vida en positivo, sin pecar de lacrimógena o sensacionalista. La cámara se limita a mostrar imágenes que hablan por sí solas, de situaciones que les toca vivir a un grupo de personas y los integrantes de la Orquesta de Cateura; quienes también ofrecen breves y precisos relatos de una coyuntura difícil, como las inundaciones del 2014.

Los 83 minutos de la cinta son entretenidos y pasan volando. Por momentos, uno se olvida que se trata de un documental, por la frescura, ternura e inocencia de los relatos y sus protagonistas.

El espectador acompaña a Tania, Ada, María, Esteban, y otros chicos en su evolución musical y sus experiencias de vida. El ideólogo del proyecto, Favio Chávez, director de la orquesta, y don Colá son personas clave en esta historia, sosteniendo y desarrollando un sueño que afectó y afecta positivamente a muchas familias del vertedero de Cateura. Igualmente, suman las voces de ña Naty (esposa de Colá), don Jorge Ríos, ña Ñeca y otros familiares de los jóvenes músicos, dándole calidez al filme.

El mundo nos envía basura… nosotros le devolvemos música, es el lema del filme (que ya sirve de merchandaising en remeras) que impacta y golpea emocionalmente, como lo hizo a los músicos de Metálica, Megadeth (que asistieron al estreno) y a las miles de personas que ayudaron y ayudan al grupo de instrumentos hechos de basura, a llegar tan lejos como jamás imaginaron, vivir experiencias inimaginables, como viajes, conciertos en auditorios repletos, conocer personalidades y, sobre todo, tener delante un futuro prometedor.