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Economía
miércoles 26 de octubre de 2016, 01:00

Lo mismo de siempre

“Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”, decía Einstein. La afirmación del genial físico podría complementarse con aquella otra que dice que si no aprendemos de nuestros errores –o de los errores ajenos–, estamos condenados a repetirlos.

Estas reflexiones vienen al caso porque a algo más de 3 años del actual gobierno, el mismo atraviesa un desgaste similar a aquellos en que cayeron sus antecesores, a causa de repetir errores y descuidar aspectos que no se pueden soslayar. Lo más resaltante es empeñarse en introducir a presión la figura de la reelección, a contramano de la legalidad y del sentido común.

Otros elementos relevantes son el recrudecimiento de las luchas sociales y la desprolijidad con que se encaran las mismas, lo cual arriesga un escenario similar al que condujo al caso Curuguaty y a la destitución de Fernando Lugo.

Pero hay otros hechos que enervan la conciencia ciudadana: es cierto que el Gobierno ha tomado medidas tendientes a combatir la corrupción en algunos entes públicos, pero también es verdad que, en otros casos, ve con ojos tolerantes comportamientos que causan indignación ciudadana.

El combate a las prácticas corruptas parece estar confinado a los disidentes del oficialismo, o a los indiferentes en la contienda partidaria. Tal cosa ha quedado de relieve con el reparto de nombramientos en cargos en las binacionales y en entes públicos, para funciones puramente decorativas, pero recompensadas con generosas remuneraciones que serán pagadas por la ciudadanía y no con los abundantes recursos que están para alinear a los díscolos.

Del desmanejo han sido víctimas también las Fuerzas Militares, sin que, al momento de escribir estas líneas, se hayan tomado medidas para corregir los hechos que han sido denunciados y probados por los medios de comunicación.

En otros aspectos, el Gobierno muestra una gestión más eficiente, como en la aceleración de obras de infraestructura, en las que el país sufre un notable retraso. Es cierto que hay críticas a un endeudamiento que se considera imprudente, pero también se debe considerar que aquellas obras incidirán en un crecimiento económico a mediano plazo que podría generar los recursos necesarios para amortizar esas deudas.

De todos modos, el entorno presidencial configura un círculo cada vez más cerrado, un microclima que se desconecta de la realidad cotidiana, y solo reacciona improvisadamente cuando la reacción ciudadana se vuelve insostenible y amenaza el proyecto reeleccionista, como en el caso de las abusivas gratificaciones que motivaron un decreto presidencial para suprimirlas.

En síntesis, estamos en un escenario parecido al de otros gobiernos de la transición, que perdieron el consenso social, y prefirieron aplicar la vieja máxima de “dividir para reinar”. Con ello perdemos otra oportunidad de consolidar la democracia y hacer las reformas necesarias que no limiten el beneficio a unos pocos privilegiados, como es el caso de modificar la Constitución vía enmienda para favorecer a solo tres personas de entre casi 7 millones de habitantes.