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Opinión
domingo 8 de octubre de 2017, 01:00

Listas

Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com

Los nombres para cargos públicos presentados la semana pasada solo reafirman una cosa: la decadencia de la política paraguaya a través de una oferta que la justifica y la avala. Los partidos se han jugado por los mismos para resistir desde un statu quo que solo agrava la crisis. Los paraguayos seguimos guiados por la lógica de la tragedia: no queremos acabar como finalmente terminaremos.

Las listas sugieren además que el electorado es el mismo. Que sigue apuntando a productos averiados y que se acostumbró a lo poco y no espera mucho de los políticos en general. Otro sector siente que no hay opciones y que el fatalismo guía los pasos del país. Ni por asomo vemos que los partidos se hayan dado cuenta del descontento de la población, de la irrupción de un mayoritario segmento social de jóvenes a los que siguen ninguneando con una oferta que los ofende y debería irritarlos de verdad. Surgen candidaturas testimoniales enderezadas a demostrar que la regla también puede tener excepciones, pero los que pudieran entrar saben que serán engullidos por un sistema acostumbrado a destruir honras, posiciones y opciones, porque justamente el problema... es el sistema. Con este esquema no vemos alternativas y la democracia corre peligro en Paraguay.

Varios imputados, sospechados e indiciados de estar metidos hasta los tuétanos en casos de corrupción han vuelto a colocar sus nombres sin rubor ni vergüenza porque saben que el sistema los sostiene y que fuera del mismo son simplemente la nada. Ya no esperan grandes épicas y solo los mueve el negocio de la política por el cual están dispuestos a transigir por lo que sea. Muchos muertos en vida están colocados en unas listas sábana que, a pesar de su repugnancia, han logrado mantenerlos con vida. Se les dio una oportunidad de enmendar y procurar el cambio, simularon que les importaba para acabar de nuevo en lo mismo.

América Latina sigue repitiendo viejas fórmulas y rituales agotados. La política no entiende el cambio de era y busca prolongar la agonía del sistema democrático a como sea. Se burla de manera descarada con una marquesina de nombres repugnantes que, al no poder ser castigados como debieran, se mofan del auditorio demostrando su longevidad política sostenida en el desprecio a la racionalidad y al pudor cívico. A muchos de ellos no les importa el cargo, solo buscan medrar y salvarse del brazo de una Justicia absolutamente servil a sus propósitos. Aquí en México pasa algo similar y solo el testimonio de algunos grupos cívicos, como el que gobierna la ciudad de Guadalajara, dan esperanzas de una renovación posible.

Las listas en nuestro país ratifican que el cáncer sigue haciendo metástasis y no hay conciencia de que el mismo acabará con el cuerpo al que azota y mortifica.