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Mundo
jueves 29 de septiembre de 2016, 01:00

Líderes mundiales rinden homenaje a Peres, el mundo árabe guarda silencio

El estadista más eminente de Israel ganó reconocimiento a nivel mundial y un Premio Nobel de la Paz como un símbolo de esperanza en una región asolada por guerras avivadas por profundas divisiones.

AFP, EFE y REUTERS

JERUSALÉN - ISRAEL

El ex primer ministro israelí Shimon Peres murió ayer a los 93 años sin ver cumplida su visión de un Oriente Medio renovado en base al acuerdo de paz de 1993 que ayudó a delinear junto a los palestinos.

Varios líderes mundiales rindieron homenaje ayer al ex presidente, una figura controvertida para los palestinos, ya que por un lado Mahmud Abas dijo que fue "un socio valiente para la paz" y Hamas lo calificó de "criminal". Pero el estadista más eminente de Israel ganó reconocimiento a nivel mundial y un Premio Nobel de la Paz como un símbolo de esperanza en una región asolada por guerras avivadas por profundas divisiones religiosas y políticas.

ANUNCIO FAMILIAR. "Hoy, con gran tristeza, debemos despedirnos de nuestro querido padre, el noveno presidente de Israel, Shimon Peres", fue el escueto anuncio oficial de la familia, que a las 7.00 de la mañana local confirmaba las informaciones que ya circulaban por los pasillos del hospital desde 2 horas antes.

Sereno y breve, Jemi Peres, hijo del ex presidente, describió a su padre como "uno de los padres fundadores del Estado de Israel", declarado en 1948 por David Ben Gurión, de quien el dirigente fallecido ayer fue su mano derecha.

"La pérdida que sentimos hoy pertenece a todo (el pueblo de) Israel, todos compartimos el dolor", subrayó.

Y efectivamente la sensación de luto se transformó inmediatamente en un aluvión de comunicados de políticos –de izquierda y derecha por igual– e instituciones oficiales y no oficiales, mientras las emisoras de radio rebajaban sus decibelios a melódicas canciones generalmente reservadas para los días de duelo nacional.

En el centro de Tel Aviv, con lágrimas en los ojos, Liora Levy, una israelí que rondaba la cincuentena, dijo ir al trabajo con tristeza. "Era uno de los mejores. Es un día terrible, un día de pena, un día de duelo", murmuró.

Pero este duelo, los israelíes lo vivían sin muestras de dolor excesivas, sin velas ni concentraciones de militantes políticos, contrariamente a cuando Yitzhak Rabin fue asesinado en 1995. Se habían preparado –cuentan– con las "falsas alertas" de cada una de sus hospitalizaciones de este año.