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miércoles 6 de septiembre de 2017, 01:00

Les imponía las manos

Hoy meditamos el evangelio según San Lucas 4, 38-44.

El papa Francisco a propósito del Evangelio de hoy: “También tengo que…”; este “también tengo que” que pronunciaste con tus palabras me ilumina tanto. En verdad llevaste una vida de ininterrumpida entrega, de inmolación sin tregua, de continuo sacrificio. Contemplo y vuelvo a contemplar tu vida y no veo sino un corazón que nunca supo qué significaba no amar –a no ser que lo experimentase pasivamente, y cuánto dolor no te causó (y te causa).

Señor, no me cansaré de repetirlo y te doy gracias por sostenerme en esta ilusión: te pido un corazón semejante al tuyo, que sepa estimar las cosas con tu percepción, que sepa apreciar las situaciones con tu espíritu, mirar a las personas con tu perspectiva. Dame un corazón que antes se canse de vivir para sí mismo, que de entregarse a los demás. Hazme un corazón sencillo, que no entienda de egoísmos, de “mi tiempo”, de los “yo quisiera que”, “me gustaría más”, “preferiría mejor”… hazme un corazón cuya única ilusión sea amar, sea dar, entregarse, dar testimonio verdadero del amor.

Dame un corazón valiente, que sepa superar los miedos o sobrellevarlos puesta la confianza en ti. Un corazón que viva bajo la tensión del darse antes que la del buscarse. Dame un corazón que en entregarse totalmente encuentre su único descanso. Dame un corazón humilde, que sepa aprender de los demás, maravillarse, alegrarse, entristecerse, acompañar y elevar a todos hacia tu amor.

Un corazón que camine cada instante hacia la cruz, tal como el tuyo, hasta consumirse por amor…

“La misericordia de nuestro Dios es infinita e inefable y expresamos el dinamismo de este misterio como una misericordia ‘siempre más grande’, una misericordia en camino, una misericordia que cada día busca el modo de dar un paso adelante, un pasito más allá, avanzando sobre las tierras de nadie, en las que reinaba la indiferencia y la violencia””.

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal y http://es.catholic.net/op/articulos/6206/cat/337/curacion-de- la-suegra-de-pedro.html).