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Opinión
domingo 12 de marzo de 2017, 01:00

Lecciones villarriqueñas

Luis Bareiro - Tw: @luisbareiro
Por Luis Bareiro

Los guaireños arrancaron la semana con tres gobernadores y una primera dama recién estrenada. Una luna de miel interrumpida, una carta renuncia desaparecida, policías antimotines, gritos, ronqueras, Pipo Alfonso, un asesor bien pagado de Itaipú, una sesión liberal en la plaza... ¡help, help!

En medio de la crisis, un ciudadano muy preocupado me dijo que la Gobernación estaba prácticamente paralizada. ¿Y eso qué supone?, le pregunte. Nada, me dijo, en realidad la Gobernación no sirve para mucho, pero me preocupa que esté paralizada nomás.

Lo cierto es que el hombre no sabía bien qué funciones tiene su Gobernación, además de estimular a los operadores políticos regionales ofreciendo cargos electivos y una gorda nómina para dotar de salarios públicos a un buen número de correligionarios, parientes, amigos y amantes.

Este buen señor aparentemente cree que la Gobernación básicamente se dedica a gastar dinero que recibe de Itaipú en algunas pocas obras que igual las podían ejecutar los Municipios o los Ministerios de Obras o de Educación, y a cobrar alguna que otra tasa que se destina exclusivamente a pagar salarios.

Y este buen señor tiene razón. Es exactamente así. La Gobernación es un cachivache jurídico-político que metimos en la Constitución con la idea de la descentralización, pero sin el menor criterio administrativo; no tiene funciones claras, no posee capacidad de autofinanciamiento y carga con un legislativo cuyas resoluciones valen menos que las reglas de la FIFA en un partido de barrio.

Con la misma alegre irresponsabilidad, atomizamos el país en un centenar de minúsculos Municipios carentes por completo de cualquier capacidad de gestión. Así tenemos intendencias como las de Ypehú, cuya única función práctica es garantizar el libre tránsito de los narcos. De hecho, son ellos quienes se la disputan; voto o bala, usted elige.

Si el presidente puede ser reelecto, si puede ser reelecto de manera continua o alternada, si debe haber o no segunda vuelta electoral son discusiones simples.

Los problemas complejos que abordar a la hora de proponer cambios en nuestro contrato social son los que ni siquiera mencionamos. ¿Necesitamos realmente Gobernaciones? ¿Hace falta tener tantos Municipios? ¿Cuánto nos cuestan y qué ganamos con ellos? ¿Cómo podemos hablar de descentralización del Estado si la salud, la educación y la seguridad son responsabilidad exclusiva del Gobierno central? ¿Qué es lo que descentralizamos, el reparto de zoquetes?

Es tanta la obsesión de la clase política con la reelección que es casi seguro que tendremos una constituyente en el 2019, si no antes. Será pues la oportunidad de ensayar un nuevo dibujo geopolítico. Hay que aprender de la crisis villariqueña; y si pensás salir de luna de miel, que sea durante el receso legislativo.