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Editorial
martes 14 de febrero de 2017, 02:00

Lecciones que deja la rebelión de estudiantes de Ingeniería

La lucha emprendida por los alumnos de la Facultad de Ingeniería fue consecuencia directa de la gran movilización estudiantil iniciada en setiembre de 2015, conocida como #UNAnotecalles. A pesar de que la revuelta se había iniciado ante las denuncias de corrupción, la situación en la universidad se mantuvo igual después de la renuncia del cuestionado rector. Hasta que los futuros ingenieros reavivaron el fuego, y después de cuatro meses de paro, y de manera absolutamente democrática, lograron poner fin a décadas de prebendas y manejos irregulares.

La revuelta estudiantil en la Universidad Nacional de Asunción se había iniciado hace dos años, después de una serie de publicaciones investigativas de Última Hora acerca de un esquema de corrupción dirigido por el entonces rector de la UNA, Froilán Peralta, quien debió renunciar y fue procesado, junto a diversos otros involucrados.

Cuando ya la normalidad había regresado a la UNA, los estudiantes de la Facultad de Ingeniería volvieron a agitar el ambiente con un paro de 168 días, para exigir transparencia y la renuncia del decano Éver Cabrera, sucesor del cuestionado Isacio Vallejos.

Los universitarios presentaron al Congreso un voluminoso documento en el que se detallan casos de presuntas irregularidades atribuidas al decano. Lo acusan de montar una "estructura prebendaria" dentro de esa casa de estudios para beneficiar –mediante tráfico de influencias– a su entorno, tanto docentes como universitarios y egresados de la institución.

Se acusa además a Cabrera de ubicar en puestos laborales a cerca de una decena de los actuales consejeros docentes y graduados no docentes de la Fiuna en el Instituto Nacional de Tecnología, Normalización y Metrología (INTN), donde fue director.

Mientras a las demás facultades de la UNA regresaba la normalidad y la realidad mostraba que el único logro había sido la salida de Froilán, Ingeniería fue capaz de mantener el reclamo y ahondar la crítica al sistema de corrupción que, por sobre todo, le quitaba a la universidad los recursos para formar mejores profesionales.

El paro duró cuatro meses, y una de las grandes lecciones que deja a la sociedad es la muestra de unidad. Los estamentos se mantuvieron unidos: estudiantes, docentes, no docentes e incluso con el apoyo de los padres de los estudiantes, lo cual sostuvo la lucha.

Otra lección que debemos aprender es la persistencia. Cuando ya todo parecía no tener sentido, los estudiantes se mantuvieron firmes hasta lograr que se consideraran las denuncias y se le separara del cargo a cuestionado decano.

Pero quizá lo más importante, el mayor logro, sea el hecho de que a través de elecciones todos los estamentos tendrán presencia del grupo de oposición. Ahora la participación será real en los espacios donde se toman las decisiones de la Facultad de Ingeniería. Esto es algo inédito y demuestra que la movilización estudiantil logró llegar hasta los cimientos de la estructura. El cambio depende ahora de las acciones y de las decisiones de los estudiantes, docentes y no docentes que integrarán a partir de ahora el Consejo Directivo de Fiuna, y llevarán la representación al Consejo Superior Universitario (CSU). El camino que recorrieron no fue el más fácil, pero con la histórica protesta y la nueva representación se abren las posibilidades de lograr el saneamiento y la transparencia en esta facultad.