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Economía
lunes 15 de agosto de 2016, 01:00

Le voy a preguntar al jefe...

En nuestro medio escuchamos esta frase tan seguido que pareciera una nueva forma de saludarnos. Nos da una sensación de que esta frase implica una demora, evidencia que quien nos atiende no es el adecuado, nos da la imagen de que esa empresa o entidad tiene una gestión concentrada en pocos ejecutivos o solo en el dueño. Es frustrante que el pomposo cargo del interlocutor no condiga con el poder de decisión. Hay tanta gente que se adorna con distintivos y oficinas impresionantes, que en realidad no decide nada, haciéndonos perder el tiempo.

Pareciera que tenemos demasiados procesos y poco progreso. Cuando nos llenamos de pasos de trabajo que no requieren pensar, desmotivamos a la gente capaz y atraemos a la gente incapaz. A los inútiles les encanta preguntarle al jefe, y se sienten seguros cuando los procesos así lo determinan. Los americanos tienen una frase sabia: “If you pay peanuts, you get monkeys” (“Si pagas poco te llenarás de gente limitada”). A los ganadores les encanta el desafío de tomar riesgos, resolver el problema y se sienten motivados cuando ellos tienen una activa participación en el éxito.

No todos pueden ser visionarios y emprendedores, así como no a todos les gusta tomar decisiones gerenciales. Pero sí hay un claro vínculo entre una mayor autonomía y una mayor satisfacción en el trabajo. No necesitamos que los colaboradores tengan el nivel de decisión gerencial para sentirse mejor, basta que tengan algo más de autonomía para conseguir pequeños triunfos que lo sientan suyos.

En el mercado competitivo de hoy, perder tiempo es perder las oportunidades de negocios que hay. Darle tiempo a un cliente de buscar otros proveedores mientras que alguien le pregunte a alguien que le consulte al jefe, es perder el negocio. Cuando un mercado competitivo entra en recesión, el tiempo de decisión del cliente disminuye aún más. El poder decidir rápido se vuelve en una estrategia de valor para una empresa. El ejemplo más obvio es ver las campañas publicitarias de las financieras, mostrándote cómo te aprueban un crédito “en segundos”. ¡O sea, cómo te resuelven tu problema en segundos!

Entreguemos a nuestras organizaciones el poder de decidir, ajustado con procesos más cortos, criterios bien concretos, y una mayor tolerancia al riesgo. El riesgo se disminuye con gente más capaz. Si no le damos el poder de decidir, de hecho, le acabamos dando el poder de destruir el negocio, de cancelar el interés del cliente postergando la solución, la oferta, el cierre hasta que alguien más le haya solucionado el problema al cliente.

Nuestras empresas, al actuar en un mercado recesivo, ya de por sí están corriendo un mayor riesgo. Y ese riesgo “sistémico” no lo vamos a evitar de ninguna forma. Solo lo vamos a disminuir cuando como país retornemos a un sólido crecimiento económico en la micro y macroeconomía.

Démosle el timón a personas más capaces, que tomen la decisión frente al cliente sin preguntarle al jefe, que firmen el contrato, que hagan la venta, que concreten el negocio, así el cliente no visitará la alternativa de la competencia. Esa es la forma de disminuir nuestro riesgo en la situación actual.