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Mundo
viernes 26 de agosto de 2016, 04:31

Las milicias libias se posicionan para asaltar el bastión yihadista en Sirte

Sirte (Libia), 26 ago (EFE).- Apoyado sobre una camioneta civil militarizada, Rahim sostiene con una mano el fusil y con la otra unos prismáticos con los que recorre todo el frente sur de la ciudad de Sirte, donde desde hace diez días resisten casi dos centenares de miembros de la rama libia el grupo yihadista Estado Islámico (EI).

A simple vista, nada se observa más allá que basura, casquillos de bala, esqueletos de coches calcinados, cascotes y un cadáver desmembrado en la entrada del "distrito 3", el único que queda por arrebatar a los fanáticos.

Un área de unos dos kilómetros cuadrados, situada entre la costa y la plaza donde el EI practicaba sus ejecuciones, densa en edificios y callejones estrechos que los yihadistas han plagado de francotiradores y bombas trampa.

"Son gente muy experta, con mucho entrenamiento militar y con muchas horas de combate a sus espaldas. Saben muy bien disparar y poner bombas", explica a Efe Musbah, uno de los capitanes de la milicia "Shuhada al Yanzuz" (Mártires de Yanzuz), encargada de cubrir el flanco de la plaza.

Fundada en 2011 en el fragor de la revolución que acabó con los 42 años de dictadura de Muamar al Gadafi, la "katiba" -de ideología salafista como la mayoría que combaten al Estado Islámico en Libia- la integran exmilitares del régimen depuesto, y jóvenes veinteañeros que han aparcado sus estudios.

"Sí, ellos tienen mucha más experiencia y están preparados y dispuestos a morir", reconoce Musbah, antiguo oficial del Ejército de Al Gadafi, "pero estos chicos aprenden rápido y son valientes", recalca.

Su misión, estos días de denso silencio solo roto de cuando en cuando por el estruendo hosco de los morterazos, es recopilar la mayor parte de información posible del distrito 3 y parte del vecino distrito 1 para que el asalto definitivo sea rápido y con el menor número de bajas posibles.

"Nosotros vigilamos la zona intentando saber en que casa están escondidos, de donde pueden venir los coches bomba, o cuantos quedan ahí dentro. Pasamos toda esta información al mando central" que está en Misrata, explica a Efe Ahmad.

"No sabemos cuando será el asalto definitivo", tercia Musbah, "pero seguro que antes de la fiesta del Aid", prevista para mediados de septiembre, asegura el militar, un hombre de aspecto cansado pero atlético que ya ha superado las seis décadas de vida.

"Por los que vemos en nuestros prismáticos, la mayoría de ellos son de raza negra, subsaharianos. También hay tunecinos, egipcios y algún argelino. Muy pocos son libios", detalla.

Igual de cauto se muestra uno de los generales a cargo del cuartel de Inteligencia que la Alianza de milicias afín al gobierno de unidad libio organizado por la ONU en abril ha colocado en una de las zonas liberadas de esta ciudad situada 250 kilómetros al este de Misrata.

"Hay tres grandes problemas: los francotiradores, las bombas trampas y los coche bomba. Están situados aquí, pero también en parte de este área" explica señalando alternativamente los distritos 3 y 1, corazón de la urbe.

Además de para preparar el asalto definitivo, al que no quiso poner fecha, el general señala que la Alianza decidió a principios de semana reducir los combates y abrir un corredor humanitario al percatarse de que aún quedaban civiles.

"En este tiempo apenas ha salido nadie de esa zona", detalla el militar con un gesto de pena.

El capitán Musbah y sus milicianos aseguran que esos civiles son las familias de los yihdistas, mujeres y niños que permanecen con ellos hasta el final.

"Hace unos días atacamos una casa que nos costó mucho asaltar y cuando entramos había dos combatientes muertos y varias mujeres y niños que luego fueron llevados a un campo", relata a modo de ejemplo.

La rama libia del grupo yihadista Estado Islámico conquistó Sirte -lugar en el que nació y murió Al Gadafi- en febrero de 2015, aprovechando la disputa política entre los gobiernos del este y el oeste del país.

Hasta junio de este año, instalaron un sistema de gobierno a semejanza de califato en Siria e Irak basado en el terror pero también en la oferta de seguridad e infraestructuras a una población abandonada.

En mayo, y después de que amenazaran públicamente con avanzar a Misrata, la poderosas milicias de esta ciudad -la tercera en importancia del país- se unieron a otras del oeste de Libia para liberar Sirte.

"¿Y las del este?". El general tuerce el gesto con una mueca de desagrado antes de limitarse a enumerar las "katibas" desplegadas en Sirte, todas ellas procedentes de las regiones donde se pone el sol.

Javier Martín