25 de septiembre
Viernes
Parcialmente nublado con chubascos
17°
21°
Sábado
Chubascos
17°
25°
Domingo
Parcialmente nublado
21°
31°
Lunes
Parcialmente nublado
19°
31°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Opinión
lunes 6 de marzo de 2017, 02:00

Las lecciones de Villa Oliva

Blas Brítez – @Dedalus729
Por Blas Brítez

Mientras Horacio Cartes inauguraba una planta industrial arrocera con capital brasileño en Villa Oliva, Ñeembucú, la intendenta cartista de dicho distrito, Eusebia Ramona Musa, recorría escuelas de la zona para repartir mochilas que incluían propaganda política a favor de Pedro Alliana, ex gobernador del departamento y diputado nacional con pretensiones reeleccionarias, lugarteniente del presidente de la República en la cúpula del Partido Colorado.

La difusión de mensajes electorales en instituciones públicas está, por supuesto, prohibida. A doña Eusebia ese "detalle" le tiene sin cuidado. "El niño no va a votar, el niño ni entiende", se defendió, profesoral. La frase adquiere aún más relevancia si se toma en cuenta que la mujer fue directora de la escuela básica Carlos Antonio López, el sitio a donde llegó con las mochilas, dirigida ahora por su prima, María Clotilde Musa.

La primera parte de su justificación es una media verdad (o media mentira). Los niños y las niñas no votan hasta que cumplan los 18 años, pero se supone que es en la escuela en donde aprenderán "educación cívica", enseñados por los adultos que sí votan. El ejemplo que doña Eusebia da a este respecto es cuanto menos catastrófico. La segunda parte es, directamente, una violación de los derechos de la niñez y la adolescencia. Si una docente (que además es la máxima autoridad municipal ejecutiva) argumenta a favor de la realización de campañas electorales en las escuelas con la síntesis filosófica "El niño no entiende", estamos ante la criminal subestimación de las capacidades cognitivas y sociales de infantes y adolescentes, o en todo caso ante la negación de sus derechos relativos a una educación pública sin sectarismos.

Así como Villa Oliva fue noticia la semana pasada por la incontinencia electoral de su intendenta, también lo fue por la presencia de Horacio Cartes. El extractivismo arrocero, según denuncian organizaciones sociales de Ñeembucú, ha degradado brutalmente el medioambiente en la zona a partir del uso intensivo del agua del Tebicuary para el cultivo: se han registrado muertes de animales, sequía de cauces y contaminación y desvío de aguas.

El Relatorio de impacto ambiental, propuesto por la empresa a la Seam y elaborado por la consultora Matus & Dubarry, en su Plan de Mitigación referente al cuidado de las aguas, ofrece un genérico: "No arrojar ningún tipo de contaminantes a las fuentes de agua" como poco creíble solución de Perogrullo. Las arroceras hacen eso mismo desde que existen, y nada asegura que en su fase industrial dejen de hacerlo.

La educación pública al servicio de intereses colorados y la expansión del extractivismo como modelo de muerte son las lecciones que en Villa Oliva dio el Nuevo Rumbo.