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martes 19 de julio de 2016, 01:00

“Las cárceles son coliseos donde a los jóvenes nos tratan como bestias”

Al menos 3 de cada 10 menores de edad presentan rasgos de haber sido torturados en los penales, según el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNP). Adolescentes relatan cómo viven detrás de las rejas.

Por Iván Lisboa

Abriendo puertas al encierro, un informe elaborado por el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNP) asegura que, además del 53% de los jóvenes privados de su libertad que afirmaron haber recibido algún tipo de maltrato policial durante la aprehensión, el 34% de la población recluida fue víctima de maltrato y/o tortura dentro de las correccionales para menores en conflicto con la Ley Penal. Darío es uno de ellos.

La primera vez que robó tenía 12 años. No podía ser castigado penalmente; entonces, ligó una paliza policial. Le dijeron que tenía suerte, porque en la cárcel "le iban a meter una estocada". Pero como cualquier adolescente rebelde, dice no haber sabido escuchar.

Hoy tiene 17 y está privado de su libertad en uno de los ocho centros educativos para adolescentes infractores. Su pecado: volvió a robar. Su motivo: la adicción.

Le quedan cinco meses para salir. Detrás de los fríos barrotes de los que antes que centros educativos parecen cárceles para adultos, reconoce su error y ya no ve la hora de salir, debido al trato que recibe adentro.

"No siempre (nos maltratan). Pero una vez a la semana te pegan mal o te hacen sentir una mierda. Yo aprendí a callarme o si no ligo. Al entrar creí que me ayudarían... (Hace una pausa, suspira un largo rato). Pero la verdad, estas cárceles son como esos coliseos de las películas y a nosotros nos tratan como a las bestias, los leones", reflexiona Darío.

Prácticas de la dictadura. El informe del MNP señala que el Centro Educativo Virgen de Fátima es el sitio donde peor pasan los jóvenes. El 67% dijo haber recibido fuerte maltrato físico y un 33% maltrato sicológico. En el Centro Educativo del Este, el 64% recibió maltrato o tortura física y el 25% fue víctima de violencia sicológica

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José hoy tiene 17, pero a los 15, tras ver a su mamá en peligro no tuvo otra opción que disparar contra su papá. Recibió una sentencia de 5 años por intento de homicidio, pero por buena conducta hoy está recluido en un centro intermedio en Gran Asunción.

Al llegar al centro de privación, no tenía dónde dormir. En las noches de frío debía pelearse por una manta. "Te ganás un pedazo de colchón peleándote, ganando respeto. Vos podés entrar siendo alguien que no quiere hacer más mal, pero el ambiente te obliga a ser más fuerte y sacar la violencia que tenés dentro tuyo. En vez de superarte, te hacen más violento", cuenta.

Para Dante Leguizamón, comisionado del MNP, no solo los rastros de tortura física o violencia sicológica, sino que también la violencia simbólica reflejada en la falta de asistencia humana y legal, son realidades que terminan jugando en contra de la reinserción y a favor del aumento de la población delincuencial y presidiaria.

"Estas prácticas de tortura que se hacían en la dictadura con los presos o perseguidos políticos, hoy son prácticas cotidianas con los adolescentes. Estamos evitando que crezcan, que se reinserten y sean útiles a la sociedad. Los estamos hundiendo más", sentencia.

ÚH intentó obtener la versión de Justicia en reiteradas ocasiones, pero las autoridades del Servicio Nacional de Atención al Adolescente Infractor no respondieron.