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Mundo
lunes 13 de febrero de 2017, 10:29

Las aves, símbolo de amor, también se permiten frivolidades por la especie

Madrid, 13 feb (EFE).- Las aves están consideradas un ejemplo de compromiso, fidelidad y respeto, con macho y hembra emparejados de por vida y compartiendo tareas domésticas, aunque algunos comportamientos poco románticos en aras de la perpetuidad de la especie rompen ese mito.

Hay estudios que demuestran que los machos de ciertas especies pueden mantener a dos familias a la vez o que algunas hembras copulan con distintos machos, ponen los huevos y desaparecen.

En contra de lo que se piensa, "muchas aves no son monógamas", explicó a Efe el ornitólogo Luis Martínez, quien ha explicado que sus comportamientos amorosos o sexuales están condicionados por la "rentabilidad" de invertir o no en esa relación.

Los pájaros pequeños "tienen menor esperanza de vida y no les interesa mantener una sola pareja, mientras las aves de gran tamaño, más longevas y territoriales, pueden optar genéticamente por la monogamia", ha aclarado.

Este último grupo los integran las grandes rapaces, cigüeñas, grullas o albatros, fieles a su pareja "sobre todo por razones ligadas al territorio", y son protagonistas de algunas de las historias de amor más llamativas del mundo animal.

Luis Martínez, del Área Social de SEO/BirdLife, ha citado el ejemplo de Malena y Klepetan, una pareja de cigüeñas croatas cuya hembra, herida en un ala, fue criada por un granjero, quien le construyó un nido al que dos años después llegó un macho.

"Desde ese momento, Klepetan vuela cada año miles de kilómetros desde su área de invernada a encontrarse con su amada", con la que se reproduce con éxito cada primavera.

Otro ejemplo de amor incondicional lo protagonizan las grullas (Grus grus), que "durante la migración mantienen unida la familia" y se la puede ver en pareja e incluso con sus crías del año, ha añadido el biólogo de SEO/BirdLife.

Sin embargo, otras especies, como el herrerillo común (Cyanistes caeruleus) han sorprendido con comportamientos polígamos, en que macho y hembra de una misma pareja pueden copular con parejas vecinas y juntar en un mismo nido huevos de diferentes padres.

También existen casos de infidelidad en el milano negro (Milvus migrans), cuyas hembras aceptan ser alimentadas durante la incubación o cuidado de los pollos por otros machos que no son los padres a cambio de copular con ellos.

Algunas hembras de quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) aceptan formar tríos con dos machos y las de albatros de Laysan (Phoebastria immutabilis) pueden emparejarse entre ellas y acudir únicamente en busca del esperma de un varón vecino para reproducirse.

En algunas especies limícolas se observa "dimorfismo sexual inverso", dijo Luis Martínez, y es la hembra la que exhibe colores llamativos para atraer al macho encargado de elegir pareja, construir el nido, incubar los huevos y cuidar de los pollos.

En estos casos, la hembra practica además la "poliandria", es decir, "se empareja con varios machos, pone huevos en distintos nidos y se va".

Por otro lado, un estudio publicado en la revista Ardeola muestra una estrategia reproductora desconocida hasta ahora en la carraca europea (Coracias garrulus), descrita tradicionalmente como monógama social con cuidado biparental (pareja estable en que la incubación y crianza de los pollos es compartida por ambos progenitores).

Las investigadoras portuguesas Teresa e Inés Catry observaron cómo un macho de la especie atendía dos nidos al mismo tiempo, de lo que dedujeron que estaba emparejado con dos hembras y compartía con ambas la crianza de la prole, aún sin ser el padre biológico de todos los pollos.

Y un estudio del Instituto Max Planck de Seewiesen (Alemania) identificó en el Ártico una especie, el playero pectoral (Calidris melanotos), que ejerce la poliginia dominante masculina, es decir, el macho busca engendrar el mayor número de descendientes -a lo que dedica casi todas las horas del día en verano- sin ocuparse de su crianza.

"Todos son procesos evolutivos para aumentar las posibilidades de perpetuar la especie, pues ser monógamo en la naturaleza no es cuestión de romanticismo, sino de rentabilidad", según Luis Martínez.

Cristina Yuste