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domingo 18 de diciembre de 2016, 01:00

La virginidad de María. Nuestra pureza

Hoy meditamos el Evangelio según San Mateo 1, 18-24.

La virginidad de María es un privilegio íntimamente unido al de la maternidad divina, y armoniosamente relacionado con la Inmaculada Concepción y la asunción gloriosa. María es la reina de las vírgenes: “La dignidad virginal comenzó con la madre de Dios”.

El Espíritu Santo ejerce una acción especial en el alma que vive con delicadeza la castidad. La santa pureza produce en el alma muchos frutos: Agranda el corazón y facilita un desarrollo normal de la afectividad; da una alegría íntima y profunda aún en medio de contrariedades; posibilita el apostolado; fortalece el carácter ante las dificultades; nos hace más humanos, con más capacidad de entender y de compadecernos de los problemas de los demás.

Le pedimos al Señor en nuestra oración de hoy que tenga misericordia de nosotros y que nos ayude a tener una mayor finura con él: “¡Jesús, guarda nuestro corazón!, un corazón grande, fuerte y tierno y afectuoso y delicado, rebosante de caridad para ti, para servir a todas las almas”.

El papa Francisco al respecto del Evangelio de hoy dijo: “¿Cómo vive José su vocación como custodio de María, de Jesús, de la Iglesia? Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio; y eso es lo que Dios le pidió también a David: Dios no quiere una casa construida por el hombre, sino la fidelidad a su palabra, a su designio; y es Dios mismo quien construye la casa, pero de piedras vivas marcadas por su Espíritu.

Y José es custodio porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas.

En San José, queridos amigos, vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. Guardemos a Cristo en nuestra vida, para guardar a los demás, para salvaguardar la creación.

En los Evangelios, San José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: Denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura”.

Yo quisiera decirles también una cosa personal: Yo quiero mucho a San José porque es un hombre fuerte y de silencio y en mi escritorio tengo una imagen de San José durmiendo y ¡durmiendo cuida a la Iglesia! ¡Y cuando tengo un problema, una dificultad, yo escribo un papelito y lo pongo debajo de San José, para que lo sueñe!, ¡Esto significa para que rece por ese problema!

Se extracta asimismo, las palabras del papa Francisco expresadas en la audiencia general del pasado miércoles, que recomiendo sea reflexionado in extenso, donde dijo: “Nos estamos acercando a la Navidad, y el profeta Isaías una vez más nos ayuda a abrirnos a la esperanza acogiendo la Buena Noticia de la venida de la salvación. El capítulo 52 de Isaías empieza con la invitación dirigida a Jerusalén para que se despierte, se sacuda el polvo y las cadenas y se ponga los vestidos más bonitos, porque el Señor ha venido a liberar a su pueblo (vv. 1-3). Y añade: “Por eso mi Pueblo conocerá mi nombre en ese día, porque yo soy aquel que dice: ‘¡Aquí estoy!’ (v. 6).

...Es la maravilla de la Navidad, a la que nos estamos preparando, con esperanza, en este tiempo de Adviento. Es la sorpresa de un Dios niño, de un Dios pobre, de un Dios débil, de un Dios que abandona su grandeza para hacerse cercano a cada uno de nosotros”.

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios de Francisco Fernández Carvajal, https://www.pildorasdefe.net/liturgia/evangelio-mateo-1-18-24-papa-francisco-angel-suenos-san-jose-maria-nacimiento-jesus).