3 de diciembre
Domingo
Mayormente despejado
19°
30°
Lunes
Mayormente despejado
21°
34°
Martes
Parcialmente nublado
23°
33°
Miércoles
Mayormente nublado
23°
32°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Revista Vida
jueves 4 de agosto de 2016, 16:04

La roca

El peñón que se encuentra en medio del río Paraguay, a la altura de Limpio, es un ícono de la ciudad, pero poco conocido fuera de ella. Vida le cuenta la historia de un lugar rodeado de leyendas.
Por Carlos Darío Torres
Por Carlos Darío
Torres / Foto: Fernando Franceschelli.

Antonio Cardozo tiene 54 años y es un antiguo poblador de Piquete Cué, una compañía de Limpio. Enfrente de esta localidad, en el medio del río Paraguay, está el peñón, la parte sobresaliente de una isla rocosa situada a la altura de la desembocadura del río Salado.
Nacido y criado en la zona, Antonio afirma que esa roca es un símbolo para los lugareños. "Es lo que nos identifica, tanto a Piquete como a Limpio", afirma. El emblemático lugar convoca desde siempre a los vecinos, en verano y en invierno.
La roca y, sobre todo, la construcción erigida en ella están envueltas en un halo de misterio, debido a la poca información que existe al respecto. Parte de lo que se sabe sobre el peñón es gracias a la transmisión oral, pero ese vacío se va llenando de a poco mediante las investigaciones que los propios limpeños están empezando a realizar.
Mónica Morel, coordinadora de Turismo de la Municipalidad limpeña, se dedica a la tarea de hurgar en los pocos archivos disponibles y en los recuerdos de quienes tienen cosas que contar sobre la ciudad y su historia, y principalmente sobre el peñón.
La roca es el punto terminal de la cordillera de los Altos y se encuentra frente a Piquete Cué, ubicado en la margen izquierda del río, y frente a Villa Hayes, en la región Occidental. De hecho, todavía persiste una controversia, incluso a nivel oficial, acerca de cuál es el municipio al que pertenece.
Pero más allá de las discusiones sobre la propiedad de esta formación rocosa, la historia parece identificarla más con Limpio, al punto de que el nombre completo de la ciudad, San José de los Campos Limpios del Tapúa, haría referencia al peñón. "Tapúa o Tapu'ã deriva de ita pu'ã, la piedra que emerge; por eso creemos que esta zona recibe su nombre de ahí", señala Lidia Méndez.
La fundación de Limpio tampoco está libre de controversias, o mejor, de inexactitudes, ya que la historia oficial dice que fue establecida el 1 de febrero de 1785 por Fray Luis de Bolaños. Pero hay una incongruencia con esta información, y muy importante: el fraile, supuesto fundador, murió en Buenos Aires el 11 de octubre de 1629, más de 150 años antes de la acción a él atribuida.

De amores
Méndez sostiene que Limpio fue la verdadera cuna del mestizaje, porque fue en esta zona en donde tenía sus dominios Mokirasẽ, el cacique de los carios, cuya hija Yvoty Sa'yju fue la primera mujer de Domingo Martínez de Irala.
El conquistador vasco tomaría después otras concubinas, al igual que sus oficiales, dando comienzo a una progenie de mestizos que constituiría con el tiempo la base étnica de los pobladores iniciales de las ciudades fundadas en la cuenca del Río de la Plata.
Más tarde, en el siglo XIX, Elisa Lynch solía pasar los fines de semana en los alrededores de Limpio, en la playa a orillas del Paraguay y frente al peñón. Se cree que la construcción de la iglesia San José, consagrada al patrono de la ciudad, fue por orden de la mujer de Francisco Solano López, devota católica, como toda irlandesa que se precie. Ahí acudía a escuchar misa.
Pero volvamos al peñón. Hasta las primeras décadas del siglo XX, la roca constituía una referencia para los navegantes. A finales de 1926, el capitán Lázaro Aranda ordenó la construcción de la casa que hoy todavía corona la elevación de piedra. Según la tradición, lo hizo para mantener en ella a un hijo leproso alejado de las miradas de rechazo y compasión de los lugareños.
La vivienda erigida sobre la roca ya no tiene actualmente a ningún habitante permanente, pero sirve de refugio ocasional a bañistas, pescadores y muchas veces también a otros huéspedes de costumbres menos recomendables. El capitán Aranda, en su momento, dejó la construcción en manos de la Armada nacional, que la convirtió en un faro para los navegantes.
En la casa hay un dormitorio, un espacio que —siendo generosos— podría considerarse un living, un baño, una cocina (usada a veces también como baño social), una terraza y balcones. Se accede a los diferentes niveles y espacios mediante una escalera en caracol. Coronan la construcción un pequeño faro —actualmente en desuso— y dos mástiles, en los que solían izarse las banderas de Paraguay y de la Armada.
Mónica Morel asegura que la vivienda cuenta además con un sótano y que, hace tiempo, las aberturas tenían puertas y ventanas que fueron robadas, desconociéndose a los autores del hurto y el destino de las maderas.

Ruta turística
Méndez afirma que el lugar se encuentra "deteriorado y en el olvido", por lo que la actual administración comunal pretende concretar el diseño de una ruta turística que incluya la visita al peñón, una forma de revalorizarlo y rescatarlo del olvido.
"Limpio es un municipio con un enorme potencial para el desarrollo del turismo", asegura Lidia Méndez, directora de Educación, Cultura, Deporte y Turismo de la Municipalidad local. La idea de las autoridades limpeñas es aprovechar las bellezas naturales de la zona para atraer a los visitantes, con el plus que puede otorgar la presencia del peñón, con su aura legendaria, como un lugar de atracción.
Con la roca como atractivo principal, la ruta para turistas incluirá una visita a la casa construida sobre ella, un paseo en embarcación hasta el río Salado y un recorrido terrestre para visitar algunos de los puntos distintivos de la zona, como la antigua edificación que servía de alojamiento y salón de fiestas a los empleados del frigorífico que empezó a operar en Piquete Cué en 1926, el mismo año de la erección del castillo.
Al peñón solo se puede acceder por vía acuática y a través de embarcaciones de poco calado, como canoas o lanchas pequeñas. Como el lugar es rocoso, las embarcaciones más grandes corren el riesgo de encallar.
En las piedras hay anotaciones esculpidas que marcan la fecha y el nivel que alcanzaron las aguas durante las crecidas del río epónimo. También abundan inscripciones más prosaicas, como las hechas por los visitantes que desean dejar constancia de su paso por el lugar; pero estas, por supuesto, carecen de interés histórico.
El nombre por el que se conoce al lugar, o el más extendido, es precisamente El Peñón, pero también suelen referirse a él como La Roca. La vivienda, en cambio, era conocida con la resonante y misteriosa denominación de El Castillo Blanco y también como El Castillo del Capitán Lázaro.
El edificio donde se alojaban los empleados del frigorífico se encuentra en este momento en estado de abandono y fue adquirido por un propietario privado. Refaccionarlo requiere de la autorización del dueño actual, pero podría convertirse en un atractivo adicional, pues ofrece una magnífica vista del río y la naturaleza que lo circunda.
La antigua opulencia del hotel aún se percibe, a pesar del deterioro. Y en sus oscuros rincones, con un poco de imaginación, todavía se pueden escuchar las voces que habitaron sus recintos y vislumbrar un pasado de abundancia, en el cual el frigorífico producía las carnes procesadas que alimentaban a los soldados paraguayos en la Guerra del Chaco (1932 - 1935) y a los combatientes de la Segunda Guerra Mundial (1939 - 1945).
Una visita a esta zona ofrece al turista la posibilidad de disfrutar no solo de la belleza natural del paisaje, sino también de entrar en contacto con el espíritu de los mancebos de la tierra que un día salieron de este rincón a poblar núcleos urbanos que se convirtieron en grandes ciudades. La roca que está en el medio del río fue la piedra fundamental de una gran historia.