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sábado 23 de mayo de 2009, 00:00

La risa de Perurima

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"Japukami haguãntengo he'i ijabuélape omoakãperõ va'ekue."

El humor es, en muchos casos, reflejo de la realidad social o, al menos, de la percepción que existe en la población acerca de temas que la involucran. También es posible considerar que el humor, al igual que las noticias, instala en la sociedad determinados temas e influye en la percepción que se genera acerca de ellos. (Durand:2008)

Los últimos acontecimientos acaecidos en el plano político suscitaron cataratas de humor y risas desenfrenadas. Tanto hemos disfrutado los paraguayos de lo acontecido que los países vecinos - ¿no comprendieron?- elogiaron nuestra capacidad humorística.

Pero, ¿por qué nos reímos? El humor es una de las estrategias que la cultura pone a nuestro alcance con el fin de facilitarnos el trabajo de comprender la realidad. Mientras reímos estamos recreando el significado de la propia cultura: si somos capaces de reír, de tomarnos con humor una situación, es que podemos reelaborar su significado. La capacidad de reír es una capacidad cognitiva, es una manera de organizar y procesar la información que recibimos. (Benavent:2008)

Bergson, en La risa, nos dice que el humor está más dirigido al cerebro que a los sentimientos. Hay una cierta insensibilidad que acompaña a la risa. El peor enemigo de la risa es la emoción. Nos podemos reír de una persona que nos inspira piedad o afecto si por unos instantes hemos podido olvidar el afecto o la piedad. Y es que la risa implica de por sí una victoria sobre el miedo, un acto de libertad por el cual el débil capta el punto débil del fuerte, su talón de Aquiles, y dispara hacia él sus dardos. Se presenta así como una visión diferente del mundo, una contracultura que toma a la vida como algo siempre abierto, inacabado, a lo que ningún discurso, ninguna institución, puede en verdad fijar.

Lipovetsky afirma que la risa, lejos de ser un instrumento de nobleza cultural - el código humorístico evacua la distinción y respetabilidad de los signos de una época anterior- , destrona el orden de las preeminencias y diferencias jerárquicas en beneficio de una banalización "relax" promovida al rango de valor cultural.

Añade además que el código humorístico aspira al relajamiento de los signos y a despojarlos de cualquier gravedad, y que dicho código es el verdadero vector de democratización de los discursos, mediante una substancialización y neutralización lúdicas. (Morató:2002)

El puka (sonido que se rompe), en tiempos donde la libertad estaba administrada por señores "serios" y "respetables", ha servido como dardo y como denuncia, como muestra de dignidad de una posibilidad aplazada y postergada. Y es que la risa y el humor son formas de descargar la agresividad por procedimientos socialmente admitidos.

No en vano Alfonso Fernández dice que la risa vendría a expresar una superioridad sobre el objeto al que se refiere. Pero el humor y la risa también podrían significar una preeminencia y un triunfo sobre el otro, al tiempo de glorificación y exaltación de uno mismo. En ese sentido, Jardiel Poncela no dudó en afirmar que en el fondo de todo humorismo hay desprecio.

Voltaire, en su Diccionario, afirma que la risa sarcástica, perfidum ridens, es diferente; es la alegría que nos causa la humillación de los demás. Perseguimos con risa burlona y maliciosa al que, prometiéndonos maravillas, no hace más que tonterías; eso es silbar más que reír. Nuestro orgullo entonces se burla del orgullo necio de los demás.

La cultura del chiste ha suplantado a los gruesos y sesudos análisis que eventualmente filósofos y sociólogos podrían esbozar a raíz de un acontecimiento gracio-escandaloso con repercusiones mediáticas a nivel mundial.

Pero no debemos desacreditar esa rica cultura que los paraguayos hemos depurado. El chiste es producto del ingenio, implica un argumento y al mismo tiempo demanda una lógica rupturista, donde el final inesperado reporta una satisfacción intelectual homologable a una buena estrategia de ajedrez.

En ese sentido, Gustavo Bueno afirma que la ironía y el humor genuinos requieren el desarrollo interno de cursos dotados de su propia lógica, pero dispuestos artificiosamente ("ingeniosamente"), de suerte que su confluencia paradójica no sea en principio absurda, puesto que está implícita en las propias leyes de desarrollo.

En la literatura paraguaya, la presencia del pícaro y del ñembo agraciado es una constante. Vale recordar las andanzas de Perurima y las interminables alegrías emanadas de sus actos poco correctos, pero aprobados y legitimados con una amplia sonrisa. La relación de poder y el absurdo que lo arropa podemos ver claramente representados por Brígido y Napoleón, personajes de El Comisario de Valle Lorito. El tremendo Piruli de Roa Bastos nos enseña lo mal que le puede ir a un pícaro que no calcula las consecuencias de sus bromas.

Cioran, en su Brevario de podredumbre, afirma que los oportunistas han salvado a los pueblos mientras que los héroes los han arruinado. ¿Será por ello que desde antaño la figura de Perurima es tan celebrada, a tal punto de ser regada de risas y complacencias?

Ahí donde se establezcan asimetrías, polarizaciones, explotaciones y represiones, la figura del pícaro encontrará terreno propicio para su expresión. Quizá por ello la imagen del pícaro no ha estado ausente en ningún periodo histórico de las sociedades en donde abundan siervos, esclavos y peones, al igual que en las comunidades que no atraviesan una etapa previa al proceso de construcción y fortalecimiento de un espíritu democrático.

Said Barahona cree que las características satíricas de este personaje puedan tratarse de los "simulacros culturales" que señala Baudrillard. Estos simulacros son los que hacen sentir a los sujetos libres de canalizar su rabia, resistencia, odio, frustración, entre tantos otros sentimientos acumulados en los distintos procesos que se atraviesan.

Los casos de Perurima y todo lo que de ella emanan serían entonces como "calmantes" que disipan la rabia y, sobre todo, confieren esa esperanza de que si uno es astuto, puede lograr todo, sin importar las condiciones sociales.

De ahí que podemos apelar a elementos cómicos para fortalecer nuestra cultura cívico-democrática. Riéndonos mucho y bien, apuntalaremos el cambio, otorgando una nueva visión a los problemas y al tratamiento de los mismos. La comicidad es la capacidad que tenemos los humanos de mirar la vida de otra manera. La capacidad de captar la incongruencia, de ver orden en el desorden, de pensar con criterios divergentes, aceptar otras lógicas. La comicidad incluye la burrada y la tontería. (Benavent:2008)

(*) INVESTIGADOR DE LA UNA.

Dr. José Manuel Silvero

Docente (*)

jmsilvero@intersophia.org

Luego de los últimos acontecimientos que rodearon al presidente de la República, el humor ha encontrado vitalidad para expresarse. Pero, ¿por qué nos reímos?

Enfoques

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