4 de diciembre
Domingo
Parcialmente nublado
19°
31°
Lunes
Mayormente despejado
21°
34°
Martes
Parcialmente nublado
23°
33°
Miércoles
Mayormente nublado
23°
32°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Arte y Espectáculos
domingo 11 de septiembre de 2016, 22:40

La representación en la obra paraguaya Ataná

Llevar a cabo una obra de teatro es probablemente una de las riquezas con las que se encuentra todo grupo de actores (verdaderos) en el mundo entero. El problema emerge cuando estos no se compenetran por completo y, como resultado, ofrecen una puesta buena a medias, como sucede con Ataná, que aunque resalte por su emotividad, cae ante los tópicos y la sobreactuación.

Por José Biancotti | jbiancotti@uhora.com.py

Sinopsis: La obra cuenta la historia de un joven maestro, José Escalada, que viaja con Atanacio Saldívar, a quien todos conocen como Ataná, a la isla chaqueña Tanimbugua, para descubrir una propiedad que su padre le dejó en herencia. Allí descubre a un pueblo del interior del Paraguay con sus pobladores, entre ellos un apasionado artista, una vendedora de yuyos, entre otros lugares comunes de las obras costumbristas.

Lo primero que se ve en Ataná es a un actor llamado David Pane que habla de manera sobreactuada y nos ubica en su concepción de lo que sucede alrededor suyo.

El problema de este actor es que su lenguaje escénico se percibe falso en todo momento y esto opaca el trabajo de otros actores que sí se escuchan verosímiles.

Si el actor es un compositor de cada instante, como dice Meyerhold, los instantes son esenciales para una obra de teatro expuesta en tiempo real. El problema principal en Ataná es que por culpa de unos actores, algunos instantes se sienten irregulares.

Entre ellos, se encuentra la conductora de radio Belén Bogado, quien también intenta interpretar un papel que lastimosamente no se percibe real en ningún momento.

Ambos tienen problemas en la identificación de sus personajes y el empleo de sus voces. Son como los actores-imitadores que, ante papeles alejados de sus realidades, limitan a sus representaciones con gestos, tonos y comportamientos exagerados.

Pese a estos defectos de actuación, en la obra se pueden ver momentos muy emotivos protagonizados por Silvio Rodas y María Elena Sachero, quienes destacan con personajes que transmiten dos realidades. La primera es la del hombre que busca ligereza, y la segunda es la de la mujer que otorga el peso a sus emociones.

Los efectos del encuentro entre la razón y el apasionamiento. Ese busca ser el tema principal, según se explica en las reseñas y como dice el mismo director, Agustín Núñez.

Es probable que lea de Ataná los siguientes comentarios:

- "Es muy paraguayo y también muy universal". Dicen esto porque está basado en la película Zorba, el griego (1964). Algunas personas creen que basarse en una película extranjera vuelve al arte universal. Pero el arte solo es universal si el observador es un artista y capta de manera atemporal una realidad, revalorizándola o interpretándola conforme a un sistema de valores no individuales basados en concepciones profundas.

Si eliminas la referencia cinematográfica, en Ataná solo queda una obra costumbrista que limita los conflictos de un pueblo del interior al campo de los impulsos. Es también muy normal que las personas de clase alta crean que los pobres son idiotas y quizás es por eso que en Ataná algunos personajes actúan literalmente como unos salvajes.

- "Ataná es ese Paraguay que, entre todas las penurias que sufre, encuentra todavía un motivo para seguir luchando y para seguir disfrutando de la vida". El problema de la burguesía en Paraguay es que mantiene la creencia de que solo inmersos en la riqueza los humanos pueden ser felices. Entonces, cuando ven una obra como Ataná y encuentran que hay personajes con carencias financieras, creen de manera automática que no hay motivos para "seguir luchando y disfrutando" en estas realidades.

- "Encantadora". En realidad, si se tomaran las sobreactuaciones y la representación falsa de la pobreza como entretén-y-miento, sí, Ataná es una obra encantadora.

- "Una obra entrañable que muestra un camino para mirar la vida con optimismo y locura". La mirada no es optimista porque los personajes más entrañables ¡mueren! Y ni siquiera se ve un final melancólico porque ese es el fin de Ataná: representar una mirada individualista de los sentimientos en un sentido trágico y peyorativo. La califican como "entrañable" porque en la obra se trata al apasionamiento como un defecto amigable. Pero el juicio no se percibe en ningún momento. Solo se muestran las características de dos clases de personalidades y la predilección hacia una de estas.

Si la obra realmente mostrara un camino para mirar la vida con optimismo, entonces buscaría comprender a los personajes y no los condenaría de ninguna manera.

Por todo esto, queda claro que Ataná es prejuiciosa y pretende ser omnisciente.

Pero la obra no busca abordar una mirada profunda de los personajes y sus realidades. Así que no aporta nada nuevo al teatro paraguayo y sus tópicos. Solo los actores participantes pueden decir que aportaron algo nuevo a sus vidas con la experiencia.