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Editorial
lunes 27 de junio de 2016, 01:00

La reciente calificación del riesgo país exige preocupación

La reciente calificación dada a Paraguay sobre el riesgo país dejó a las autoridades con cierto desánimo, debido a la cautela de la calificadora. Esta situación no debería sorprender, debido al contexto regional y mundial y los riesgos propios que enfrenta nuestra economía. La economía paraguaya es sumamente abierta desde muchas décadas atrás, lo cual la hace históricamente vulnerable a los ciclos económicos externos. A esta situación se agrega su tamaño relativamente pequeño en comparación con los países vecinos y su excesiva dependencia de los factores climáticos. Este escenario no es precisamente el mejor para enfrentar lo que al parecer va a ser un periodo largo de bajo crecimiento mundial.

Si bien Paraguay presenta un comportamiento moderadamente mejor que muchos de los países de América Latina y las proyecciones para este año y el próximo son positivas, también es cierto que su estructura productiva le imprime un alto riesgo. La volatilidad del crecimiento económico es una de las características principales de la economía paraguaya, debido a la escasa diversificación productiva y de mercados y al importante rol que juegan los factores climáticos. Estas condiciones no le impidieron crecer a tasas promedio relativamente altas, ayudado por un contexto internacional altamente favorable.

El escenario actual se ve sombrío, ya que las estimaciones señalan una caída del crecimiento económico en muchos de los países que contribuyeron a aumentar la demanda internacional de los bienes que produce Paraguay. La estructura productiva muestra cierta diversificación, pero todavía no es suficiente como para reducir la volatilidad, además de que sus efectos en el empleo y en el fisco son bajos, por lo que dicha diversificación no se traduce aun en cambios sustanciales en la economía y bienestar de las familias paraguayas. A los factores que históricamente han afectado, se agregan en los últimos años el rápido endeudamiento externo, así como el creciente déficit fiscal, variables cuyos valores se mantuvieron bajos en la última década, pero que actualmente muestran un peligroso comportamiento.

Los riesgos no están solo en los niveles que están adquiriendo, sino también en su composición y gobernanza. Por un lado, los recursos derivados de los bonos soberanos que deberían haber sido destinados en su totalidad al financiamiento de infraestructura se están destinando a pagar deuda, con lo cual el Tesoro entró en un peligroso bicicleteo. Empeora la situación el atraso en la ejecución de obras, lo cual impide dinamizar la economía y crear un círculo virtuoso al menos en el corto plazo. Por otro lado, el déficit público que puede continuar ampliándose a pesar de contar con un marco legal que lo impide. Las ampliaciones presupuestarias solicitadas por las entidades públicas dan cuenta del riesgo que enfrentan las finanzas públicas si el Ministerio de Hacienda y el Parlamento ceden a las presiones.

De esta manera, las estructurales deficiencias de la economía paraguaya, el contexto económico internacional que se vuelve adverso y las debilidades institucionales del sector público para cumplir las normas y garantizar los ajustes necesarios de manera oportuna, ponen en alerta a las calificadoras y debieran preocupar a las autoridades nacionales. Últimamente pareciera que solo cuando hay un escándalo mediático o ciudadano toman conciencia y, en algunos casos, declaran emergencia bajo el supuesto de que en esa condición se solucionarán los problemas más rápido. La calidad del crecimiento económico, así como la estabilidad macro no se solucionan con medidas de emergencia, al contrario, estas pueden ser altamente costosas y contribuir a empeorar la situación.

Esperemos que las autoridades económicas tomen con seriedad la señal que acaba de dar la calificadora e implementen las medidas necesarias, coyunturales y estructurales, de corto y largo plazo, para dinamizar la economía y fortalecer la institucionalidad.