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Opinión
sábado 15 de julio de 2017, 01:00

¿La política brasileña sin Lula?

Alfredo Boccia Paz – galiboc@tigo.com.py
Por Alfredo Boccia Paz

La condena a nueve años de cárcel impuesta por el juez Sergio Moro al ex presidente Lula sacudió el ya caótico escenario político del Brasil. El inmenso prestigio alcanzado por él a nivel latinoamericano y su gravitación en la historia reciente de su país hacen difícil imaginarse cómo sería el futuro sin su influyente presencia.

Es cierto que continuará en libertad y que la sentencia es apelable. Es cierto también que hasta tanto la condena no quede firme en segunda instancia, podrá presentarse como candidato a las elecciones previstas para octubre del 2018. Sus partidarios tienen la esperanza de que pueda ganarlas y escudarse en los fueros presidenciales, pues las decisiones de los jueces de apelación suelen tardar más de un año y Lula es favorito en las encuestas. Pero también hay malas noticias. El presidente del Tribunal Regional casi aseguró que el fallo estaría listo antes de las elecciones. Si la sentencia de Moro es ratificada, Lula perdería sus derechos políticos y no podría ser candidato. Los antecedentes de ese tribunal alejan la posibilidad de que lo declaren inocente. Con excepción de un caso, todas las sentencias provenientes de Moro por la operación Lava Jato fueron ratificadas y para 19 reos el tiempo de condena fue incluso aumentado.

Hoy es el candidato favorito, pero queda por ver si su capital político puede soportar esta adversidad. Que no es la única, pues hay otros juicios pendientes. Por eso analistas y observadores están enfrascados en presagiar qué pasaría en la política brasileña sin Lula. Algo tan difícil como imaginar qué quedaría en pie en la ciudad luego de un sismo de escala 7 de Richter.

El pronóstico es enigmático. El Partido de los Trabajadores no tiene opción B. El gobierno de Temer pende de un hilo, con una aprobación de solo el 7%. Los candidatos tradicionales no cuentan. El segundo mejor posicionado es un impresentable militar retirado, Jair Bolsonaro, que destila exabruptos machistas y autoritarismo. Marina Silva no cobra suficiente vuelo. El Brasil nunca tuvo un momento tan propicio para la victoria de un outsider, pero tampoco por allí ha surgido alguna figura atractiva.

La corrupción barrió con las referencias de todos los signos ideológicos. Por eso no faltan optimistas que afirmen que lo que está sucediendo tiene su vertiente positiva, pues la acción de la Justicia genera las condiciones para inaugurar una nueva época política con actores más honestos y éticos. Frente a ellos, cada vez hay más voces dentro y fuera del Brasil que advierten que las pruebas con las que se le condena a Lula son muy endebles y no hacen más que confirmar lo que estaba cantado desde el inicio: el establishment conservador no iba a permitir que Lula retorne al poder. Jamás sería declarado inocente, dicen, pues, si así fuera, ¿qué sentido tendría la destitución de Dilma?