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martes 9 de agosto de 2016, 01:00

La oveja extraviada

Hoy reflexionamos el Evangelio de San Mateo 18, 1-5; 10, 12-14.

¡Tantas veces Jesús ha salido en nuestra busca, a pesar de las faltas de generosidad y de correspondencia! Y por eso, precisamente, ha salido una y otra vez, aunque no lo merecíamos porque nos alejamos siempre por nuestra culpa.

Jesús ama a cada uno tal y como es, con sus defectos; en su amor, no idealiza a los hombres; los ve con sus contradicciones y flaquezas, con sus inmensas posibilidades para el bien y con su debilidad, que tan frecuentemente añora. “Cristo conoce lo que hay dentro del hombre. ¡Solo Él lo conoce!”, y así lo ama, así nos ama.

El papa Francisco al respecto del Evangelio de hoy, dijo: “Un niño está apenas entrando al mundo. Le falta experiencia. Cada día aprende algo nuevo. Y si cae al dar los primeros pasos, pronto su mamá lo levanta para que siga aprendiendo a caminar. Esto también es ser pequeño. No somos perfectos ni lo sabemos todo.

¡Cuántas veces cometemos errores, nos caemos, o nos perdemos! Pero esta realidad no es un motivo para desanimarnos. Todo lo contrario: saber que nos hemos perdido nos abre las puertas para descubrir que Dios nos busca. Cuando admitimos la caída con sencillez de niño, podemos alegrarnos con mayor gratitud hacia Dios que nos levanta.

Al reconocer los propios límites nos damos cuenta de que tenemos un Padre de Amor y misericordia sin límites. María, madre nuestra, enséñanos a ser como niños. Cambia nuestro corazón y hazlo como el de tu Hijo Jesús. Que aprendamos, como Él, a vivir siempre en las manos del Padre.

“Pidamos hoy al Señor que todos los papás y los educadores del mundo, como también la sociedad entera, sean instrumentos de aquella acogida, de aquel amor con el cual Jesús abraza a los más pequeños. Él mira en sus corazones la ternura y la solicitud de un padre y al mismo tiempo de una madre”.

(Del libro Hablar con Dios y http://es.catholic.net/op/articulos/5010/cat/331/si-no-cambian-y-no-se-hacen-como-los-ninos.html)