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Mundo
jueves 13 de octubre de 2016, 12:58

La orquesta juvenil YOLA, tutelada por Dudamel, va de gira al cumplir 10 años

Los Ángeles (EE.UU.), 13 oct (EFE).- Sacan partituras, bromean con sus compañeros, afinan sus instrumentos, pero el jaleo cesa a la orden del director. Silencio y, de inmediato, brilla la "Oda de la Alegría" de Beethoven, una de las obras con las que los jóvenes de la orquesta YOLA irán de gira por primera vez al cumplir diez años.

Inspirada en el programa venezolano "El Sistema" y bajo la tutela del director de la orquesta Filarmónica de Los Ángeles, Gustavo Dudamel, la Orquesta Juvenil de Los Ángeles (YOLA, por sus siglas en inglés) celebra una década de vida y éxito a la hora de dar una oportunidad para adentrarse en el mundo de la música clásica a jóvenes de familias y barrios humildes.

Para soplar las velas del aniversario, 80 de los 750 alumnos adheridos al programa, en los tres campus angelinos de LACHSA, Expo Center y HOLA, se lanzarán a las carreteras californianas para la primera gira de la YOLA, que actuará el 23 de octubre en Los Ángeles, el 27 de octubre en Visalia, el 28 de octubre en Fresno y el 30 de octubre en Oakland.

Aunque se trata de su primer tour, los chicos de la YOLA (el 68 % de los cuales son de origen latino) están muy habituados a la hora de saltar al escenario, incluso de la mano de figuras de primer nivel.

A lo largo de estos diez años, la YOLA ha tocado junto a Stevie Wonder, Juanes o Gloria Estefan y el pasado febrero acompañó a Coldplay en el show del descanso del Super Bowl, la final de la Liga de Fútbol Americano (NFL), un enorme espectáculo que atrae en Estados Unidos la misma o más atención incluso que el encuentro deportivo.

Pero pese a que tienen muchas tablas, los jóvenes músicos participan estas semanas previas a la gira en sesiones y ensayos especiales para perfeccionar y mimar al detalle sus presentaciones.

"¿Son los invitados o los anfitriones?", preguntó con una sonrisa a los niños la directora teatral, Debbie Devine, en uno de los talleres a los que pudo asistir Efe.

Entre pieza y pieza del programa, que incluye obras de Beethoven, Brahms y Dvorak, el espectáculo proyectará videos ilustrativos del trabajo de la orquesta, y el objetivo de Devine es que los niños, durante esos recesos, se muestren alegres a la vez que concentrados para involucrar al público en la experiencia en todo momento.

Los pequeños artistas de YOLA cuidan cada arista de su actuación y en los ensayos se perciben las incontables horas de esfuerzo para que todo salga de maravilla sobre el escenario.

Un percusionista practica con instrumentos invisibles y en silencio mientras no suena la música, una chica de los oboes humedece su caña sin parar, un par de violinistas comentan un punto concreto de la partitura y el director indica el momento preciso en el que tiene que comenzar la obra cuando termina uno de los videos: todo debe que ser perfecto.

Pero detrás del arte de los niños también se esconden historias de superación y de amor a la música durante todos estos años.

"Yo un día escuché el mariachi en mi escuela elementaria. Escuché que era tan bonita la melodía... Me gustó y supe que era el instrumento que yo iba a querer", dijo a Efe la violinista de 17 años Lizeth Martínez, en YOLA desde 2009.

La joven apuntó que, para ser instrumentista, es importante "tener el amor y la pasión por la música" y añadió que para ella la música clásica es "otra forma de expresar, sin nada de palabras: solamente tú y tu instrumento".

Martínez piropeó además a Gustavo Dudamel, un motivo de inspiración y orgullo para muchos de los chicos de YOLA.

"Es un hombre muy apasionado. Le gusta expresarse mucho y es algo que nos ayuda a nosotros, a cómo vemos la música. Nos dice: 'Imagínense una pieza, cómo es la música, qué historia cuenta'", explicó.

"Lo chistoso es que no escogí el violín como primera opción", dijo entre risas, por su parte, la violinista Jéssica Hernández, de 17 años y en la orquesta desde 2009.

"Había escogido el piano, pero no había; entonces escogí el arpa, pero tampoco había. Al final escogí el chelo, pero mi mamá dijo que en el bus y caminando no lo podíamos cargar. Entonces escogí el violín porque la maestra lo estaba tocando tan bonito que dije: 'Pues a lo mejor un día yo podría tocar igual que ella' (...). Ahora ya me gusta mucho y no lo cambio por nada", recordó.

Hernández añadió que lo más importante de YOLA no es la educación musical, sino todo lo que aporta a los jóvenes para ser mejores en el colegio o en su vida diaria.

"Cuando tocas un instrumento, las dos partes de tu cerebro están funcionando al mismo tiempo. Entonces creo que eso me da más habilidad para ser mejor estudiante", argumentó.

Y aunque Hernández quiere ser dentista cuando sea adulta, también tiene claro que la música la acompañará siempre: "Nunca voy a dejar el violín porque es lo que más me ha ayudado".

David Villafranca