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Mundo
sábado 26 de noviembre de 2016, 11:47

La ópera se despoja del lujo y llega a un humilde asentamiento de Buenos Aires

Buenos Aires, 26 nov (EFE).- La ópera se baja este fin de semana de los escenarios de imponentes teatros para subirse al asfalto de una pista de fútbol en la humilde villa 31 de Buenos Aires de mano de una compañía que busca acabar con la "repetición", el "lujo" y la "suntuosidad" asociados al género, acercándolo a lugares diferentes.

"Hay que derribar todos estos prejuicios que hay en torno a la ópera de que es propia de un grupo más elitista y lograr que tenga una configuración más periférica", trasladarla a más lugares y que se logre una imagen más "alejada del lujo y la repetición", cuenta en una entrevista con Efe Pablo Foradori, director de la iniciativa "Ópera Periférica", que él mismo impulsó en 2014.

Con ello en mente, este sábado -o, si la lluvia se lo impide, el próximo lunes, festivo en Argentina- la ópera barroca "La Serva Padrona" que Giovanni Baptista Pergolesi presentó en 1733 llegará a la "cancha" de la entrada de la villa 31, uno de los asentamientos precarios más antiguos de la ciudad, situado tras la principal estación de trenes y a metros del cotizado barrio de Recoleta.

La preparación del espectáculo duró alrededor de dos meses. Durante el primero, la compañía representó la ópera tres veces para que los vecinos que quisieran, se sumaran a la puesta en escena, y en el segundo, arrancaron con los ensayos.

Además de los cuatro actores profesionales, el elenco también está compuesto por tres integrantes de una agencia de modelos situada en el barrio y de unos seis habitantes de la villa, entre los que se encuentran tres niños de siete, ocho y 12 años, y un joven de 24 que presentará el argumento de cada acto con un rap.

"El rap es un objeto cultural que en la villa circula mucho, así que nos pareció que quizás los espectadores le iban a prestar más atención a ese tipo de narración que funciona como un reemplazo del subtitulado" clásico, señala Foladori.

La ópera, que dura unos 45 minutos aproximadamente, ya fue representada el pasado agosto en el metro de Buenos Aires, y la idea es que ahora se estrene en la 31 y pueda "convivir" y "dialogar" con el lugar que, a su juicio, al tratarse de un espacio abierto, es mucho menos "controlable", ya que depende de factores como el clima, la cantidad de gente que esté o incluso, que haya luz en la villa.

Para lograr ese "diálogo" con el espacio, además de los cinco andamios de doble altura que se colocarán en la pista, la puesta en escena también contará con un coche y varias motos de carga que, mientras que en la villa funcionan para trasladar los alimentos de un lugar a otro, en el espectáculo se utilizarán para desplazar a los actores.

Pese a que la compañía ya ha trabajado en otros asentamientos precarios, es la primera vez que llega a la 31 y lo hace con el apoyo del Gobierno porteño, cuyo objetivo es urbanizar el barrio y dotarlo con una oferta cultural propia.

Foladori cree que no sólo servirá para, como busca su iniciativa, acercar la cultura a la periferia de Buenos Aires y vencer los prejuicios que existen en torno a la ópera, sino también aquellos que hay respecto al propio asentamiento y su "peligrosidad".

"Por supuesto que hay violencia, como en otras zonas, debido a ciertas rivalidades territoriales fruto de que es muy grande" y "viven 60.000 personas", pero "cuando uno trabaja en el lugar, termina derribando esas ideas previas, esos fantasmas que no son tan reales".