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Arte y Espectáculos
martes 19 de julio de 2016, 01:00

La nueva guerra de los mundos

Por Sergio Cáceres Mercado

caceres.sergio@gmail.com

A pesar de su edulcorado patrioterismo, Día de la Independencia supo calar hondo en miles de espectadores. Tenía muchos elementos a su favor en su estructura narrativa, pero además aprovechó muy bien la maravilla de los efectos especiales y mostró emblemáticas construcciones humanas siendo destruidas por los alienígenas, imágenes que catapultarían a Emerich a crear casi un subgénero con su nombre. Su tremendo parecido con La guerra de los mundos, de H.G. Wells, era innegable, lo que es otro punto a tener en cuenta cuando se considera su éxito.

La secuela que ahora tenemos en nuestras salas comerciales tiene la ventaja de los excelentes efectos especiales, pero ya no es una potente historia. Aunque el enganche con la primera parte es ingenioso, ya no tiene la fuerza ni los protagonistas de aquella, en especial el carismático Will Smith. A cambio, tenemos a un grupo de jóvenes actores que con simpatía y humor tratan de sobrellevar la historia, pero en general aciertan muy poco en su cometido.

Así que la fortaleza del filme está en la lucha contra los alienígenas, esta vez cuerpo a cuerpo, además de los clásicos combates aéreos. Por supuesto, siempre algo gigantesco debe ocurrir, y esta vez es el descomunal tamaño de la nave invasora la que causa devastación. Sin esto Emerich no sería Emerich; la tragedia a escala planetaria debe ocurrir indefectiblemente.

No deja de ser interesante el futuro pensado como una confederación de naciones, que se han unido en virtud de aquella primera invasión. La ansiada unión entre los distintos Estados es una realidad, pero siempre a causa de un sufrimiento mayor, algo que históricamente se dio con la ONU respecto a la Segunda Guerra Mundial. Una película recomendable, pero que ya no tiene la fuerza de aquella famosa precuela.