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jueves 21 de julio de 2016, 01:00

La nueva familia de Jesús

Todo el que haga la voluntad de mi padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre. Quizá la Virgen, desde el lugar en que se encontraba fuera de la casa donde enseñaba su hijo, oyera estas palabras, o quizá alguien se las repetiría enseguida. Ella bien sabía los lazos profundos que la unían con aquel a quien iba a ver: vínculos de la naturaleza, y otros, más profundos aún, originados por su perfecta unión con la Trinidad Beatísima.

Ella sabía, cada vez de un modo más perfecto, que había sido llamada desde la eternidad para ser la madre de esta nueva familia que se forma en torno a Jesús. Por medio de la fe correspondió a la llamada que Dios le dirigía para ser madre de su hijo y en la misma fe ha descubierto y acogido la otra dimensión de la maternidad, revelada por Jesús durante su misión mesiánica.

Más tarde, en el Calvario, se descorrió por completo el velo del misterio de su maternidad espiritual sobre aquellos que a lo largo de los siglos habían de creer en él: Ahí tienes a tu hijo, le dijo Jesús señalando a Juan.

Y en él estábamos representados todos los hombres. Esa maternidad se extiende de modo particular a todos los bautizados y a quienes están en camino hacia la fe, porque María es madre de la Iglesia toda, la gran familia del Señor que se prolonga a través de los tiempos.

En una homilía, en Santa Marta, el papa Francisco dijo: “Jesús continuaba hablando a la gente y amaba a la gente y amaba a la multitud, hasta el punto que dice 'estos que me siguen, esta gran multitud, son mi madre y mis hermanos'. Y explica: 'aquellos que escuchan la palabra de Dios, la ponen en práctica'.

Estas son las dos condiciones para seguir a Jesús: escuchar la palabra de Dios y ponerla en práctica. Esta es la vida cristiana, nada más. Sencillo, sencillo. Quizá nosotros la hemos hecho un poco difícil, con muchas explicaciones que nadie entiende, pero la vida es así: escuchar la palabra de Dios y practicarla.

Escuchar la palabra de Dios es leer eso y decir: '¿pero a mí esto qué me dice, a mi corazón? ¿Qué me está diciendo a mí, con esta palabra?" Y así, nuestra vida cambia.»”

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios de Francisco Fernández Carvajal yhttp://es.catholic.net/op/articulos/12324/cat/331/la-verdadera-familia-de-jesus.html)