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Editorial
sábado 24 de diciembre de 2016, 02:00

La Navidad invita a asumir un compromiso social más eficaz

Mientras se va cerrando el año en medio de la puja política por mantenerse en el poder o acceder a él de manera más plena, la pobreza que sigue golpeando a un relevante sector de la población, la educación que no avanza y otros obstáculos que impiden al país vivir en un clima de bienestar que alcance a todos, nace una vez más el Niño de Belén. Desde su pesebre recuerda a todos que el amor, la concordia, el bien común, la dignidad y el coraje para persistir en la búsqueda de nuestros sueños son valores que deben guiar nuestros pasos. Es responsabilidad de cada persona escuchar su mensaje de esperanza y poner lo mejor de sí para que su nacimiento no sea en vano.

En contraste con el contexto político, económico y social signado por graves dificultades que enturbian la convivencia y opacan con incertidumbre el futuro inmediato, la tierna escena de un Niño que ilumina la Tierra con su mensaje cargado de humanismo es un llamado a construir un mundo más fraterno y solidario.

Este nacimiento de Jesús encuentra al Paraguay en un momento donde muchos de los líderes políticos han olvidado por completo que su labor siempre debe apuntar a construir consensos fructíferos.

Subidos al carro de las ansias de poder, los que han dejado de lado su rol esencial están embarcados en precautelar sus intereses, no los de la República como debiera ser si su gestión estuviera dirigida por la racionalidad.

Lo que exponen a la vista de todos en estos días son sus ambiciones personales, no los proyectos que han elaborado para que el Paraguay, de una buena vez, supere sus limitaciones y se encamine hacia un desarrollo inclusivo, sin discriminaciones odiosas y con gestos de reconocimiento sincero hacia quienes merecen ser valorados por lo que son y no por lo que tienen.

En cuanto a la economía, la misma no está exenta de la atmósfera de egoísmo y mezquindad que impide una distribución más justa de la riqueza. No hay políticas públicas destinadas a lograr una mayor equidad social a través de acciones sustentables en el tiempo, que superen el pernicioso asistencialismo.

Su impacto en la vida social se refleja en el 10 por ciento de la población –alrededor de 700.000 personas– que se debate en medio de la pobreza, la migración que busca mejores horizontes dentro o fuera del país, la ausencia de calidad en la educación impartida con fondos del Estado, la precaria atención a la salud y otros males de índole parecida.

Este es el panorama en el que llega la Navidad. El Niño de Belén trae consigo un modo diferente de enfrentar la vida, una sensibilidad que invita a tomar conciencia de los problemas y a no quedarse con los brazos cruzados en espera de que la Providencia provea.

Lo suyo es un llamado al compromiso personal y social para que cada uno coopere de manera eficaz para alcanzar un bienestar personal y colectivo. Su nacimiento carecería de sentido si es que su mensaje no se adentrara profundamente en cada corazón humano para cambiar actitudes, renovar energías y dar fortaleza.

Que la Nochebuena y la Navidad traigan a nuestros hogares paz, concordia y bendiciones abundantes que nos ayuden a extirpar del país los cuerpos extraños que torpedean nuestra armónica convivencia; y que se encuentren los caminos de la equidad social y podamos vivir en un país de mayor bienestar espiritual y material para todos.