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Mundo
domingo 11 de septiembre de 2016, 13:05

La mayoría de la Cámara anticipa el voto por la destitución del verdugo de Rossseff

Brasilia, 11 sep (EFE).- La gran mayoría de los miembros de la Cámara baja de Brasil anticipó que votará mañana por la destitución del polémico expresidente de ese órgano legislativo, Eduardo Cunha, quien fue el principal impulsor del juicio político que concluyó con la destitución de la ahora expresidenta brasileña Dilma Rousseff.

De acuerdo con sondeos divulgados hoy por diferentes diarios, al menos 298 de los 513 miembros de la Cámara de Diputados manifestó su intención de despojar del mandato a Cunha, un polémico parlamentario blanco de numerosos procesos por corrupción y que será juzgado este lunes en el Parlamento por haberle mentido a sus colegas.

Tan sólo 4 de los legisladores consultados declararon que votarán por la absolución del expresidente de la Cámara, 26 dijeron que se ausentarán de la histórica votación prevista para las 19.00 hora local (22.00 GMT) del lunes y 183 prefirieron no pronunciarse.

El pleno de la Cámara tendrá que pronunciarse sobre un parecer ya aprobado por el Consejo de Ética del organismo legislativo y que considera que Cunha violó el Código de Honra de los diputados al mentir ante una comisión parlamentaria que lo interrogó.

La dirección de la Cámara confirmó que la sesión en la que será votada la destitución está confirmada para el lunes pese a que Cunha presentó el viernes un nuevo recurso ante la Corte Suprema para intentar cancelar la votación por supuestas irregularidades.

La votación también depende de que al menos 420 diputados estén presentes en el pleno para la votación, quórum mínimo exigido por el actual presidente de la Cámara Baja, Rodrigo Maia, debido a que la destitución de Cunha tiene que ser aprobada por la mitad más uno de los diputados, es decir por 257 legisladores.

El Tribunal Supremo ya había negado el jueves otra de las peticiones del acusado para suspender el proceso abierto en el Legislativo para despojarlo del mandato.

Cunha, que renunció en julio a la Presidencia de la Cámara baja luego de que la Justicia le suspendiera sus funciones, es considerado como el verdugo de Rousseff por haber sido el encargado de aceptar a trámite las denuncias por irregularidades fiscales que terminaron costándole el cargo a la ahora expresidenta.

El diputado también es investigado por la Corte Suprema por su implicación en el escándalo de corrupción en la petrolera estatal Petrobras, del que supuestamente se benefició haciéndose valer de su cargo de presidente de la Cámara.

Pese a renunciar a la Presidencia para intentar frenar las presiones en su contra, el político, un evangélico de tendencia conservadora, lucha por mantener su escaño de diputado, que está en juego por haber negado ante la Cámara la existencia de unas cuentas secretas en el extranjero donde supuestamente escondió dinero de la corrupción y cuya existencia fue confirmada por la justicia suiza.

La insistencia obedece a que la Justicia ya expidió una orden de detención en su contra, que no puede ser cumplida debido a que, como diputado, tiene fuero privilegiado.

Al menos tres empresarios interrogados por el Congreso confirmaron, con pruebas, que le pagaron sobornos a Cunha y que los depositaron en las cuentas en el exterior que el diputado negó tener.

Uno de los interrogados aseguró que Cunha exigió sobornos por al menos 40 millones de dólares por facilitar un contrato de 1.200 millones de dólares para construir dos navíos de explotación de petróleo en aguas marinas para Petrobras.

El expresidente de los Diputados aprovechó su cargo para, mediante numerosos recursos y maniobras, dilatar al máximo el proceso que le abrió en octubre del año pasado el Consejo de Ética y que ha sido hasta ahora el más largo de este tipo en Brasil.

Cunha también responde en tres procesos en el Tribunal Supremo, en todos los casos por supuestos beneficios financieros obtenidos de la red de corrupción que operó en Petrobras.