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Opinión
sábado 18 de febrero de 2017, 02:00

La lección de Ingeniería

Andrés Colmán Gutiérrez - Twitter: @andrescolman
Por Andrés Colmán Gutiérrez

¿Quién dijo que todo está perdido...?

En estos días, en medio de la crispación social generada por la guerra política en busca de la reelección, ocurrió una de las más bellas gestas de conquista estudiantil ciudadana, que aún no ha sido suficientemente valorada, quizás por quedar opacada entre todo el guarará mediático.

Se trata de la reconquista, por parte de una mayoría de alumnos, docentes y egresados de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Asunción, al acceder con elecciones libres y transparentes al manejo de la institución, arrebatándola de una casta corrupta y autoritaria que se mantuvo durante 35 años.

Es el final de un negro ciclo que comenzó en octubre de 1982, cuando a través de una maniobra judicial fraudulenta, un grupo de docentes y funcionarios seccionaleros, que respondían a los mandatos de la dictadura stronista, se adueñaron del Consejo Directivo de la Facultad.

Fue el inicio de una oscura época de persecuciones a docentes y estudiantes críticos, despidiendo a profesores dignos para reemplazarlos por politiqueros colorados. También fue la época de una heroica resistencia estudiantil que no pudo avanzar más allá de las barricadas testimoniales, de los festivales con música de protesta, de los intentos por superar el modelo de una educación que se iba volviendo mediocre, con un sistema más interesado en producir ingenieros para grandes obras viales o hidroeléctricas, construcciones públicas con licitaciones amañadas en un descomunal festín de corrupción.

Tuvo que llegar setiembre del 2015, para que los fuegos de la rebelión estudiantil de #UNAnotecalles también enciendan las pasiones dormidas en Ingeniería. En ese primer round, aunque lograron que el impresentable decano Isasio Vallejos renuncie a su cargo tras una dura puja, el grupo en el poder solo realizó cambios cosméticos e impuso a otro personaje del mismo bando, el hoy sumariado e inhabilitado Éver Cabrera.

Llegó entonces lo que no se esperaba: el más largo paro en la historia de las luchas universitarias. Una movilización que paralizó a la FIUNA durante 168 días, con una adhesión total no solo del estudiantado, sino de la mayoría de los docentes y egresados, padres de alumnos y de la propia sociedad.

Lo más destacable es que los rebeldes no se quedaron solo en las barricadas heroicas, sino que formularon propuestas, diseñaron el modelo de su universidad soñada, democrática y libre... y fueron a elecciones. Y como nunca antes en los últimos 35 años, los estudiantes, docentes y egresados a favor del cambio arrasaron en las urnas, en todas las instancias.

¿Quién dijo que todo está perdido...? Ojalá aprendan los caníbales de nuestra clase política, que en estos días se preparan para devorar a dentelladas el futuro del país.