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Arte y Espectáculos
domingo 6 de noviembre de 2016, 05:03

La juventud que vive el momento

Miles de jóvenes viajaron desde diferentes ciudades del interior, y también de la capital, para bailar y disfrutar al máximo de la primera edición paraguaya de Creamfields, que se trasladó desde su originaria Liverpool para sacudirlos por más de ocho horas de la mano de referentes de la música electrónica.

Por José Biancotti - jbiancotti@uhora.com.py | Video: Sergio Noé

Este festival es un espectáculo de alta impresión visual con luces de neón, animaciones digitales y efectos visibles en diferentes pantallas instaladas en el escenario principal.

Las figuras más animadas del evento son los djs extranjeros Marshmello (un productor musical que sube al escenario con una cubeta blanca en la cabeza) y el conocido Tiesto, que en lo que se refiere a música electrónica es dueño de shows de altura, con mezclas de temas clásicos y contemporáneos que forman parte del sonido comercial actual.

Pero quienes realmente dan vida a este evento, porque sin ellos ni siquiera podría realizarse, son los jóvenes que lo viven y disfrutan bailando hasta que amanece.

Los participantes, entre los 15 y los 25 años de edad, acudieron desde Ciudad del Este, Presidente Franco y otras zonas más cercanas, como Capiatá y Lambaré, además de adultos que buscaban reavivar la llama que el viento de los años quiere apagar.

La experiencia comprueba que los jóvenes pueden ser amigos durante una noche sin pensar demasiado en las apariencias o las actitudes deshinibidas, porque durante los shows el baile es lo único que importa y satisface el espíritu colectivo del carpe diem.

Con las piernas y los brazos levantados, los jóvenes se hacen de tiempo para, por supuesto, publicar que están en la primera edición de #creamfieldsparaguay.

Los chicos no paran de bailar en un campo abierto mientras los empleados de seguridad miran atentos dentro y fuera, revisando entradas y mochilas de personas con ropa deportiva y pequeña, algunos con gorras y otros con cubetas y cabezas de unicornio. Una vez dentro, la rutina ya no es un impedimento para sentirse libre.

Pero la libertad total se vive al mando del dinero, en medio de una celebración donde McDonald's tiene su propio espacio de baile y el sector VIP se encuentra sobre un montículo elevado al costado de la arena central, para que se distinga a los adinerados.

Marshmello, un fenómeno actual de la electrónica juvenil, inicia su espectáculo de imágenes y sonido imparable poco antes de la medianoche, haciendo levantar los ánimos de un sector de chicos veinteañeros que vinieron a la fiesta solo para verlo.

Sus imágenes en pantalla reflejan su particular estilo de presentación, llena de animaciones y sonidos de videojuegos en 8 bits y algunas otras criaturas que llevan una cubeta, lo que provoca cierto desconcierto, pero a los seguidores les causa simpatía.

Un grupo deja de lado el celular porque la idea es que se dejen llevar por la música y, además, la señal comúnmente muere al ingresar al Jockey. El espacio continúa en constante movimiento gracias al neerlandés Oliver Heldens, el futuro del house.

Hombres sin remera abrazando a sus amigos y saltando; una joven de pelo violeta, otra de cabello azul; amigas bailando mientras cierran sus ojos; parejas besándose; una mujer colocando sus manos en sus piernas para luego elevarlas frente a otro hombre que le sostiene la cintura; otro grupo ingiriendo y fumando (¡horror!) para volar por los cielos y, como la joven que cerraba sus ojos, ser parte de la ilusión de vivir el momento.

Las horas de baile son interminables hasta que llega el dj Tiesto, casi siete horas después del inicio, para seguir el ritmo de los pasos de sus seguidores más entregados, que para ese momento están abstraídos al sonido y los movimientos (in)voluntarios.

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Unas chicas no se resisten al deseo, se acarician el pelo y se dan un beso sin sufrir las barreras contra la sexualidad. Uno de los djs del momento sigue mezclando los temas, pero los jóvenes ubicados dispersamente en los costados de los stands de comidas y bebida energética prefieren sentarse y esperar la frescura de un nuevo amanecer.

Otros, más ávidos de entregarse a Tiesto (que pasa su propio himno electrónico), siguen aguardando que el productor, también neerlandés, otorgue su mejor pose, mirada, movimiento, sonido e imágenes estelares, como la que se ve poco después de la mitad de su show, cuando integra la canción remixada "Yellow", de Coldplay, mientras unas estrellas se ven en las pantallas principales como un reemplazo de las estrellas que en esta zona ya casi no se ven por culpa de la contaminación lumínica.

La fiesta continúa con miles saltando, pero con un chico que está sentado en el pasto mirando al cielo junto a otro que tiene los ojos cerrados intentando terminar el viaje que partió con victoria y terminó como si se hubiera despertado de un sueño pesado.

Cruzan el campo entre otros miles de chicos sin intentar evitar las botellas tiradas, los envoltorios de las hamburguesas costosas (G. 20.000) y los plásticos de los cigarrillos.

Afuera esperan los taxistas, los padres de familia y los buses fantasma de la mañana. Un espectáculo incansable, de mucha energía y juventud, llega a su silencioso final.