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jueves 10 de agosto de 2017, 01:00

La justicia tenía rota la balanza

Todos los domingos, a las 17.00, digo la misa delante de la carpa de la resistencia de Curuguaty frente al Palacio de Justicia. He notado que estaba rota la balanza de la estatua de la Justicia.

Todo un símbolo del que quiero hablar hoy. Para el caso de la masacre de Curuguaty, la Justicia no ha existido.

Al fiscal Jalil Rachid se le “olvidó” investigar la muerte de los 11 campesinos. Y por la muerte de los 6 policías, desde el comienzo, como tesis ya aprobada inculpó a 12 campesinos inocentes.

Al final, la fiscala que los sustituyó, cambió la carátula de Tentativa de Homicidio Doloso a Homicidio Doloso aumentando las penas.

Los tres jueces aceptaron dócilmente todo esto y se confirmó en la apelación de primera instancia. Otro tribunal hizo lo mismo en la segunda. Luego, no hubo respuesta positiva al hábeas corpus, y se les negó la prisión ambulatoria, mientras la Corte Suprema determina si el desarrollo del juicio fue constitucional.

La Corte Suprema tiene ahora ocasión de lavar el rostro de la Justicia por todas las aberraciones cometidas en estos años de transición, dándoles la completa libertad a los 12 presos y presas políticos de Curuguaty.

Tratándose de un juicio político como este, mucho nos tememos que, como en la farsa del juicio, no valgan las pruebas. Y que la Corte Suprema confirme la sentencia.

Nos vamos a encontrar entonces ante la obligación moral de la desobediencia civil.

El papa Francisco nos hizo reflexionar seriamente en el encuentro de Comunidades Populares tenido en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) el 9 de julio de 2015: “¿Reconocemos que las cosas no andan bien en un mundo donde hay tantos campesinos sin tierra… tantas personas heridas en su dignidad? Entonces, digámoslo sin miedo: Necesitamos y queremos un cambio”.

Y los cambios, añadimos, no solo se dicen y quieren… ¡se hacen!