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Mundo
miércoles 21 de septiembre de 2016, 00:08

La junta militar tailandesa impone su "optimismo" frente a las críticas

Bangkok, 21 sep (EFE).- Más de dos años después del golpe militar en Tailandia, el Gobierno de Prayut Chan-ocha ha impuesto su "optimismo" frente a las críticas de una oposición que denuncia la falta de libertades y el aumento del poder castrense.

La semana pasada, Prayut, primer ministro y jefe de la junta militar, presumió de que el país había recuperado la "confianza internacional" tras una década de conflicto social en el que el país casi se había convertido en un "Estado fallido".

El exjefe del Ejército celebró la "estabilidad, seguridad y crecimiento económico" en una comparecencia en la sede del Gobierno, rodeado de sus viceministros y ante un público de más de un centenar de personas, incluidos militares, funcionarios y periodistas.

Vestido con traje oscuro y corbata amarilla, Prayut exhibió su habitual estilo vehemente señalando a veces con el dedo para remarcar una frase o moviendo los brazos enérgicamente como un director de orquesta.

"Me alegro de que las sonrisas hayan vuelto ya a las caras de los tailandeses", afirmó triunfante el primer ministro golpista, quien celebró los logros de su Ejecutivo en la lucha contra el tráfico de personas, la pesca ilegal o la corrupción.

El general, que tras el golpe prometió "devolver la felicidad" a los tailandeses, dio por concluida la conferencia sin admitir las preguntas de los periodistas que aguantaron cinco horas de intervenciones.

Prayut tomó el poder en una asonada militar en mayo de 2014, después de meses de manifestaciones antigubernamentales de grupos conservadores y cercanos al estamento castrense que habían boicoteado la celebración de elecciones.

Una nueva Constitución, redactada por un comité elegido a dedo por los militares, fue aprobada en un referéndum el pasado mes de agosto con un apoyo superior al 61 por ciento de los votantes y el Gobierno ha prometido celebrar elecciones en 2017.

Sin embargo, algunos críticos aseguran que la Carta Magna recorta el poder de los partidos políticos, en favor de la burocracia cercana al Ejército y la monarquía, y permite el nombramiento de un primer ministro que no sea parlamentario.

Organizaciones como Human Rights Watch han acusado al primer ministro de crear un "clima de miedo" en estos dos años con la detención de activistas y disidentes, aunque han celebrado que recientemente decidiera que los tribunales militares dejen de juzgar a civiles.

Pakorn Areekul, líder del Movimiento Nueva Democracia, sostiene que lo que hizo Prayut al asestar un golpe de Estado no fue resolver los problemas y el conflicto, sino ocultarlos bajo una apariencia de estabilidad impuesta por las armas.

"Que todo esté tranquilo no quiere decir que haya felicidad, en los últimos dos años nada ha cambiado en el país", dijo a Efe Areekul.

En su opinión, la asonada sólo acabó con el sistema parlamentario, dejando un país que "está tranquilo pero no feliz".

También es cierto que está previsto que el PIB crezca este año un 3,2 por ciento, frente al 0,4 por ciento en 2014, y que los tribunales han juzgado casos de corrupción como las supuestas irregularidades en el plan de subsidios del arroz del Gobierno de la ex primera ministra Yingluck Shinawatra (2011-2014).

Pero algunos opositores como Suranand Vejjajiva, miembro del Ejecutivo depuesto y comentarista político, aseguran que la junta y los tribunales están actuando de forma interesada contra Yingluck y sus aliados.

En un artículo de opinión en el diario "Bangkok Post", Suranand apuntó que el éxito de la junta militar "en mantener la paz y el orden es principalmente fruto de la supresión y la intimidación política de disidentes, no resultado de la reconciliación".

El temor de muchos tailandeses es que las divisiones políticas de antes del golpe vuelvan a aflorar cuando los militares abandonen el poder.

Tailandia atraviesa una profunda crisis política desde la asonada en 2006 contra Thaksin Shinawatra, el ex primer ministro (2001-2006) y hermano de Yingluck que mantiene un gran apoyo entre las clases rurales del norte y noreste, así como poderosos enemigos entre la élite burocrática y el Ejército.

Desde entonces, las manifestaciones callejeras de simpatizantes o detractores de Thaksin, quien amasó una gran fortuna antes de entrar en política y vive en el exilio para evitar una condena de dos años de prisión por corrupción, han sido una constante contra el Gobierno de turno.

Gaspar Ruiz-Canela