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Opinión
sábado 5 de agosto de 2017, 02:00

La guerra política detrás de la crisis campesina

Andrés Colmán Gutiérrez – @andrescolman
Por Andrés Colmán Gutiérrez

Hace más de un siglo, el gran escritor, periodista y luchador social Rafael Barrett lo escribía así: "Si vivís en la ciudad donde hombres con zapatos de charol y cuellos planchados manejan el dinero de las aduanas, no digáis que los que andan descalzos y medio desnudos son felices, porque no lo son... Sois incapaces ya de distinguir la verdad de la mentira, los que aman vuestro país de los que le sacan el jugo...".

Mas allá del estilo de redacción que hoy parece anticuado, el recordado ensayo ¡No mintáis!, de Barrett, que refleja una visión distorsionada de la realidad rural desde la comodidad urbana, sigue teniendo palpitante actualidad. Tanto, que muchas personas lo han compartido en estos días en las redes sociales de internet como un aporte a la reflexión ante la movilización campesina en reclamo de la ley del subsidio por deudas vencidas de los productores y la de reactivación de la agricultura familiar.

Tras casi un mes de conflictivas marchas campesinas en Asunción, las cámaras del Congreso aprobaron las dos leyes y el presidente de la República, Horacio Cartes, decidió vetar la más polémica, la del subsidio, la cual regresa al Poder Legislativo y necesitará 23 votos en Senadores y 41 en Diputados para levantar el veto y poder ser finalmente aprobada.

La situación instala un incierto escenario, que ahondará el conflicto y la división entre quienes están en contra y a favor del subsidio, incrementará los prejuicios culturales de la gente de la ciudad hacia la del campo y, por sobre todo, aumentará la crispación entre la gente que, en estas últimas semanas, tuvo que soportar largos viacrucis para entrar o salir de la capital, debido a los atascos del tráfico y el temor a quedar atrapada en situaciones violentas.

Lo que no se acaba de percibir es que, por detrás del conflicto, se libra una sorda guerra política, de cara a las elecciones generales del 2018.

Es decir, la mayoría de quienes defienden con tanta pasión el subsidio no lo hacen porque realmente les importe la suerte de los campesinos pobres, sino que ven en este coyuntural juego político la oportunidad de socavar la imagen de quienes actualmente detentan el poder, buscando sustituirlos en el próximo periodo de gobierno.

De igual modo, los que se oponen a su aprobación tampoco lo hacen por evitar "condenar el futuro del Paraguay", sino por tratar de mantener la continuidad de sus privilegios y la oportunidad de más negociados para los amigos.

Ni siquiera son referentes políticos diversos, confrontando visiones distintas para construir un mejor país, sino apenas máscaras diferentes del mismo modelo conservador, corrupto y represivo, que se embanderan con causas en las que no creen, pero les sirven.

Ya lo decía Barrett en 1907 y sigue plenamente vigente: "No mintáis, hermanos".