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domingo 19 de marzo de 2017, 01:00

La enmienda está a punto de devorar a sus progenitores

Por Estela Ruiz Díaz
Por Estela Ruíz Díaz

El reloj de la enmienda da sus últimos repiques. Por lo menos, según el plazo que dio Fernando Lugo a sus aliados colorados oficialistas. Un plazo que no gustó al presidente de la República, quien respondió que el ex obispo no le marcará la agenda.

Pero más allá de quién manda más que quien, el debate de la reelección ha llegado al límite de la paciencia, incluso de los propios beneficiados.

Lo verbalizó el presidente de Diputados, Hugo Velázquez, cartista: "Por supuesto que cada día que pasa es un problema más, no solamente desde el punto de vista político, sino desde el punto de vista de la propia ciudadanía. Todo el mundo estamos pendientes de lo que se va a presentar o no. Realmente ya nos tiene por demás hartos este tema. Que definitivamente resuelva la Cámara de Senadores", dijo y graficó muy bien los problemas que genera la indefinición: no puede empezar la campaña por el 2018 en Central, su base electoral.

La incertidumbre es un problema que afecta a todos los sectores porque paraliza el proceso de construcción y consolidación de las candidaturas.

Por eso que el plazo político es más agobiante que el plazo electoral. Las internas presidenciales simultáneas están marcadas para el 17 de diciembre, es decir, en nueve meses, y elecciones generales, para el 22 de abril de 2018.

Dicen los aliados que la semana entrante será definitoria en cuanto a la resolución de la enmienda, aunque en este momento hay mucha desconfianza entre ellos porque temen traiciones a último momento. Lilian Samaniego dio señales de hastío: "Hay algunos que dicen que están, pero no sabemos si realmente están. Eso se verá en su momento".

En el bloque aliado desconfían que a la hora de votar, alguien, como el sinuoso Julio César Velázquez, aparezca con un "No positivo", emulando al argentino Julio Cobos, el vicepresidente de Cristina Kirchner, que con esa frase sepultó un polémico impuesto en el 2015.

POR HACER. Tanto Cartes como Lugo están hartos de la enmienda. Ambos quieren la reelección, pero sin ensuciarse directamente las manos. Y ese es justamente uno de los problemas de la negociación. Al no estar directamente involucrados los principales líderes, la negociación quedó en manos de dirigentes de segunda línea y para colmo en cada sector hay dos o tres negociadores. Lugo y Cartes calculan erróneamente que no serán responsables de un eventual fracaso por no asumir el acuerdo. El peso ya lo cargan sobre sus espaldas.

Si bien la aprobación en el Senado es la madre de todas las batallas, porque es el principal muro a derribar, aún hay un largo recorrido tras el paso legislativo.

En caso de que se apruebe, y todo parece indicar que sí, Cartes, Lugo y Llano deben seguir de la mano para enfrentar el referéndum que debe avalar la decisión del Congreso. Será muy difícil derrotar al "sí", teniendo en cuenta el peso electoral de cada uno de los aliados que tiene a su favor el aparato del Estado, el aparato partidario de la ANR y los cuadros del sector llanista.

La campaña del "no" quedará en manos de Efraín Alegre, que días pasados perdió a su vicepresidente Pakova Ledesma, y del colorado disidente Mario Abdo Benítez, con el invaluable apoyo de un gran sector de la prensa que ya manifestó su oposición a la reelección.

SI NO HAY REELECCIÓN. Si bien las partes han cerrado acuerdo sobre los puntos a modificar en la Constitución, como lo anunció el abogado de Lugo, aunque improbable, la enmienda puede no presentarse justamente por la desconfianza entre los aliados y hasta de sospechas dentro del propio cartismo. Y cada día que pasa es una carga pesada para ambos, pero especialmente para el Frente Guasu, que quedó muy expuesto con este pacto.

Un escenario de no reelección, ya sea porque no se presentó la enmienda, ya sea porque perdió el referéndum, obligará a repartir nuevamente las cartas. Cartes tendrá que elegir a su delfín, el Frente Guasu quedará en el desierto y Marito y Efraín recuperarán oxígeno.

Se acaba el plazo para la enmienda. Veremos si el ultimátum de Lugo tiene peso o solo es un chiste más para ganar tiempo.

La demora ya empieza a hartar, desgastar y debilitar.

Y a un paso de devorar a sus propios progenitores.