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Opinión
miércoles 22 de febrero de 2017, 02:00

La deuda Gramont versus la deuda Cartes

Guido Rodríguez Alcalá
Por Guido Rodríguez Alcalá

El luguismo no tuvo la gente necesaria para apoyar al cartismo. El cartismo tampoco tuvo la gente necesaria para apoyar al cartismo. Se anunciaban manifestaciones multitudinarias: todo el pueblo paraguayo, o al menos el ochenta por ciento de los paraguayos y paraguayas, iba a concentrarse en la plaza para manifestar su apoyo al rekutu. Todo quedó en el oparei. Por primera vez en 28 años, tengo que darle la razón a Calé: Lugo se cree el Messi de la política. Aun suponiendo que lo fuera, la jugada le iba a salir como le salió al Barcelona su partido contra París Saint Germain: cuatro a cero con Messi y todo en el equipo. Suponer que apoyándose el rekutu de Cartes, se aseguraba el rekutu de Lugo, era seguir la estrategia del DT del Barcelona.

Eso no quiere decir que el partido haya terminado, porque se juega tanto en la cancha como en el vestuario. Esto en el sentido figurado y también en el sentido literal: más de una resolución se decidió cuando dos o más parlamentarios, al mismo tiempo, sintieron una necesidad imperiosa de irse al baño, donde cocinaron sus votos discretamente. El partido no ha terminado, y podemos tener sorpresas en cualquier momento.

Mientras sigue el partido –por no decir la farra–, quedan en suspenso cuestiones muy importantes, como la de los bonos. La disidencia tiene toda la razón del mundo al decir que, para endeudar al país, se necesita la aprobación del Congreso (huelga decir que emitir bonos es endeudarlo). Tiene razón al decir que si el Ejecutivo emite los bonos por sí y ante sí, el Congreso hará saber a los círculos financieros internacionales que esos bonos no son válidos.

El doctor Theodore Stimpson, en su artículo Bonos buitres (ABC, 17/2/17), explicó claramente por qué esos bonos deben considerarse bonos buitres. Pero por muy buitres que sean, pueden ser aceptados internacionalmente.

Para los bonos buitres están los fondos buitres, dispuestos a lucrar con todo tipo de deuda ilícita: un buen ejemplo es el caso Gramont. El Congreso no aprobó la deuda contraída por Gustavo Gramont, que no se llamaba Gramont sino Levy y encima falsificó documentos para recibir dinero con la presunta garantía del Paraguay. Para colmo, ningún funcionario público paraguayo estaba enterado del asunto, y el Ministerio de Relaciones Exteriores suizo se lo dijo a los acreedores: Gramont no tiene facultades para comprometer al Gobierno paraguayo. No importó.

Los buitres internacionales ahora nos reclaman el pago del capital con los intereses, sabiéndose que todo fue una estafa muy mal tramada.

¡Lo que nos van a exigir cuando los bonos de Cartes, que tienen una cierta apariencia de legalidad, lleguen a su vencimiento! No han de faltar buitres dispuestos a darle el dinero, para reclamarlo después con intereses y con yapas.