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domingo 12 de febrero de 2017, 02:00

La desigualdad debe ser incluida en la agenda pública

Paraguay es uno de los países más desiguales de América Latina. El impacto destructivo de la extrema desigualdad sobre la sostenibilidad del crecimiento y la cohesión social está ampliamente demostrado con evidencia empírica. Si bien Paraguay ha podido reducir, aunque muy lentamente, la pobreza, durante la última década, sigue mostrando niveles altos de desigualdad del ingreso, del acceso a la tierra y en general en cualquier ámbito del bienestar. La reducción de la desigualdad debe ser incluida como un objetivo explícito en las políticas gubernamentales. Es urgente que la política fiscal, tanto en lo que se refiere a ingresos como gastos, contribuya a reducir las desigualdades. Este Gobierno y los próximos deben tomar las medidas necesarias para lograr ese objetivo.

Un reciente informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe ubica a nuestro país como uno de los de mayor desigualdad del ingreso de la región. La situación se agrava si consideramos además que el país no ha mostrado una reducción significativa en la última década, lo cual debería llamar la atención teniendo en cuenta su desempeño económico.

En efecto, Paraguay es uno de los países cuyo PIB ha crecido a promedios más altos que el del resto de los países en la última década, a la par de que ha aumentado el gasto público. Constantemente las autoridades hacen referencia al "milagro" paraguayo basado en tasas altas de crecimiento junto con un largo periodo de estabilidad macroeconómica. Al parecer, estas condiciones no fueron suficientes para reducir la inadmisible desigualdad que la historia reciente muestra con tanta crueldad.

A los datos estadísticos se agrega la percepción ciudadana de que el Gobierno no solo no realiza acciones para enfrentar el problema, sino que además beneficia más a los ricos que al resto de la población.

El discurso oficial, igual que el de los gobiernos anteriores, se centró principalmente en el combate a la pobreza, olvidando que la desigualdad es tanto o más importante, siendo una de las causas de la situación de pobreza que sufre todavía una gran proporción de la población. Es decir, sin reducción de las desigualdades, la reducción de la pobreza tiene límites.

El referido informe de la Cepal no solo señala que la desigualdad se mantiene alta y con una tendencia al estancamiento. También muestra que las políticas públicas, antes que contribuir a su reducción, la profundizan.

Esta percepción no está desvinculada de hechos reales. En la última década, las estadísticas muestran años en que los ingresos de los más ricos crecieron a un ritmo mucho mayor que el de los pobres, lo cual hace suponer que el crecimiento económico benefició más a unos que a otros. Pareciera que las políticas públicas tienen la misma tendencia. Se evidencian importantes incrementos en la inversión social y de obras, pero estos recursos no están llegando a la ciudadanía.

Un sistema tributario inadecuado por su inequidad, así como la evasión y la elusión de impuestos cuestan a Paraguay millones de dólares en ingresos tributarios impagos, fondos que podrían y deberían invertirse en luchar contra la pobreza y la desigualdad. El incremento de los ingresos tributarios es clave para la inversión pública en la reducción de algunas de las brechas históricas que todavía persisten en el acceso a bienes públicos de calidad en el ámbito de la educación, la salud, el transporte y la infraestructura.

Es urgente que la política fiscal, tanto los ingresos como gastos, contribuyan a reducir las desigualdades. Este Gobierno y los próximos deben tomar las medidas necesarias para lograr ese objetivo.