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Opinión
lunes 11 de julio de 2016, 01:00

La cultura que nos ata

Sergio Cáceres Mercado - caceres.sergio@gmail.com
Por Sergio Cáceres

¿En que difieren la naturaleza y la cultura? El teórico social Zygmunt Bauman inicia una reflexión sobre este par de conceptos dando un ejemplo de una dicotomía que las personas solemos creer a pie juntillas: lo que la gente debe hacer y lo que la gente puede hacer. Cuando perdonamos o comprendemos ciertos comportamientos es porque asumimos que están fuera del control de la persona; cuando las condenamos o apercibimos es porque creemos que determinada situación estaba bajo el control de la persona y dependía de su voluntad hacerlo de otra manera. Bauman afirma que aquellas son consideradas bajo el campo de la naturaleza, y que los segundos comportamientos se consideran culturales.

Luego de considerar que en el ámbito de lo natural, la voluntad humana tiene muy poco que hacer (con las obvias salvedades que la biotecnología ofrece cada día), pasa a considerar toda la problemática de lo que la cultura implica. Como la cultura es el ámbito humano por excelencia, está tácitamente de acuerdo con muchos otros filósofos, etólogos y teóricos sociales en que el hombre es más un ser histórico-cultural antes que un ser natural.

Lo más interesante de sus cavilaciones, a mi entender, es que a pesar de considerar la cultura relacionada a la voluntad y creatividad humana, pone acento en la imposibilidad que tenemos de cambiar así como así nuestro medio social. O mejor dicho, lo cultural tiene tanta fuerza moldeando nuestras mentes y nuestros cuerpos (Foucault), que a la larga nos parecen muchas cuestiones como naturales a pesar de que pertenecen al ámbito de la pura hechura humana y por la tanto pasibles de ser cambiadas.

No es que Bauman descrea de la posibilidad del cambio cultural. Aunque no lo menciona, es seguro que está de acuerdo con aquello que los antropólogos denominan endoculturación y difusión, conceptos que explican el cambio cultural y su pervivencia a lo largo de los siglos. Pero insisto, lo que el sociólogo resalta es el lado de la cultura que no nos permite salirnos de ella totalmente. Y las razones son varias. De ellas la más controvertida es que el ser humano es justamente un animal y, por lo tanto, busca su supervivencia, lo que le lleva a mantenerse en aquello que le permite vivir en primer lugar. ¿Por qué esto sería controvertido? Porque esto pone en cuestión hasta qué punto la cultura es algo opuesto a la naturaleza. Es más bien un producto más de ella, algo que los hombres hacen como parte de su naturaleza, y por lo tanto el binarismo naturaleza/cultura no sería más una conceptualización operacional para explicar ciertos fenómenos humanos. Así que cuando condenamos a nuestros compatriotas por tener tal o cual comportamiento cultural, tenemos que pensar hasta qué punto tenemos la voluntad o fortaleza para cambiar lo que somos. Se puede, claro que si, pero no es nada fácil.