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Opinión
domingo 7 de mayo de 2017, 01:00

La culpa no es del bosque

Guido Rodríguez Alcalá

Para combatir al EPP, la ARP propuso deforestar. Sin embargo, para operar con toda libertad un grupo armado no necesita emboscarse, que literalmente significa esconderse en el bosque.

No se valieron de una cobertura boscosa quienes asaltaron Prosegur en Ciudad del Este, ni quienes ultimaron al señor Rafaat en Pedro Juan Caballero. En ambos casos, los atacantes se valieron de la superioridad ofensiva que les daban los fusiles kalashnikov y la ametralladora calibre 50.

En rigor, la ARP habló de liberalizar las restricciones, o sea, deforestar solamente un poco en la Región Oriental.

Así como se cumple, digo como se incumple la ley en el país, un poco termina siempre en demasiado, que es precisamente donde estamos.

El Paraguay tiene el dudoso honor de figurar entre los cinco países que más deforestan en el mundo; en proporción a los bosques que tiene, su porcentaje de destrucción lo convierte en el campeón de América.

El jueves pasado apareció en Última Hora el artículo "Oenegé rechaza propuesta de la ARP sobre deforestación".

La oenegé es la WWF y, utilizando cifras oficiales del Gobierno paraguayo, muestra cómo entre 2000 y 2015 se han deforestado en promedio 366.319 hectáreas al año. La mayor depredación se ha dado en la Región Occidental o Chaco, y no tiene visos de parar.

Se lo puede constatar entrando en Google Earth, donde se ven fotos del antes y el después en cualquier lugar, como cerro León en 1984 y en 2017; en la foto de 1984 he visto más monte y menos estancias.

Creo que no vi mal, porque una investigación periodística de este diario comprobó, hace algún tiempo, que 15.000 hectáreas de esa reserva natural ya se habían transformado en estancias, y pueden ser más ahora. De hecho, la ley del 2015, que destinaba cerro León al "desarrollo sostenible", parecía más bien una aceptación de un hecho consumado, la ocupación del lugar.

En ciertas fotos satelitales del Chaco se ven manchas blancas, que corresponden a la salinización del suelo deforestado, y que ya no se puede recuperar.

Curiosamente, no existe para esa región una ley de deforestación cero, la que rige en la Región Oriental, donde la reforestación es posible. Es como si las cosas se hubieran hecho al revés, protegiendo menos al ecosistema más necesitado de protección, el chaqueño.

Un amigo que tiene una propiedad por allá quedó sorprendido de que los vecinos le recomendaran que tirara todo el monte, "para progresar". Progresar, desde ese punto de vista, es llenarse de dinero agotando la tierra; por desgracia, son demasiados los que piensan así y actúan en consecuencia. Las universidades de Columbia, Maryland y otras instituciones se han sorprendido de la alarmante depredación del Chaco.

Existe en internet un estudio de la Cepal, La economía del cambio climático en el Paraguay (2014), publicado por las Naciones Unidas. El estudio, preparado a pedido del Gobierno paraguayo, advierte sobre el peligro de "progresar" a todo precio sin tomar en cuenta la amenaza del cambio climático, un fenómeno global que afectará de distintas maneras a los países, dependiendo de lo que cada país haga para enfrentarlo. Hasta donde puedo ver, el Paraguay no hace lo necesario para enfrentarlo, y eso es preocupante.