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Economía
lunes 25 de julio de 2016, 01:00

La crítica como estrategia…

Si damos un paso atrás y tomamos una perspectiva más distante de todo lo que escuchamos y leemos en nuestro medio, vamos a identificar que lo que nos vende el sistema, lo que se publica, y de lo que resalta tiene más un tono de crítica que el de celebrar conquistas y triunfos. “Good news, no news”, buenas noticias no son noticias. Pareciera que la estrategia de quienes no participan en el hacer, en el construir, está en criticar a los demás.

Como el hacer lleva mucho más tiempo, implica errores, tentativas, fallos, y allí por el final se logra una conquista, la persona que emprende sea desde la iniciativa privada como la del Estado, está muy ocupada mirando el desafío cercano. Mientras tanto, el crítico, el que no participa en el hacer, tiene todo el tiempo del mundo para preparar el ataque, buscando las mejores palabras, construyendo una aparente elocuencia de entendido, para bombardear al que hace. Su estrategia es cambiar el punto de vista, para manipular la percepción de la realidad.

Las ventajas de la posición del crítico son muchas, como por ejemplo: a) El crítico tiene necesariamente que eliminar y hasta negar aspectos de la realidad para simplificar su ataque y vender su crítica. Entonces no es totalmente verdad lo que dice, pues no existe nada sencillo en la vida.

b) El crítico escoge su audiencia, especialmente la menos informada y más impresionable. Este es el negocio de los opinólogos en temas complejos. Impresionar al que no sabe es más fácil, especialmente cuando el que no sabe no pidió esa información, ni tiene tiempo de investigarla. Desinformar es un complemento de esta estrategia.

c) Generalmente la crítica es un monólogo donde el atacado no tiene tiempo de dejar de hacer lo que está haciendo para defenderse, no es tan elocuente cuando es sorprendido con argumentos que no concuerdan con la realidad.

d) El crítico, al autoproclamarse juez, conocedor, disfrazando con elocuencia el poco conocimiento sobre lo que opina, lleva en sí una disimulada arrogancia, necesita descalificar para sobresalir.

e) En nuestro medio, se tiende automáticamente a creer la crítica que se oye. A su vez, cuando se habla bien de alguien se duda, tanto de la información como del interlocutor. Fíjense en esta sutil característica de nuestra lógica criolla, que en tantas cosas funciona al revés de la lógica del primer mundo.

No nos dejemos engrupir por los elocuentes críticos, pues el bien que hacen es mucho menor que el que trabaja y toma riesgos. Quienes están fuera del poder han escogido la estrategia de la crítica, subiendo el volumen hasta aturdirnos, impidiendo que podamos ver lo que sirve, lo que importa, lo que se está haciendo. Atendamos dónde hay un silencio de propuestas. Una frase popular dice “suena la carreta, es porque va vacía”.

La lógica en el primer mundo pone el foco en quien trabaja, y mira con suspicacia a quien critica. Entiende que el coraje está en quien hace con el corazón. Y que la acción siempre responde a las necesidades que la realidad exige, además de resolver problemas y expectativas. No existe coraje en quien critica; es más, hay algo de cobardía, sobre todo cuando falta a la razón. En el ruedo hace mucho más calor que en las graderías. Entonces, ahora que el mundo se puso más difícil, dejemos de escuchar a los críticos y copiemos a los que permanecen haciendo, a los que ponen el alma y la inteligencia, porque ellos son los que realmente construyen.