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Especiales
lunes 22 de agosto de 2016, 11:30

La campana protectora de la Guerra del Chaco

VIDEO / Al final de la Guerra del Chaco, varios soldados trajeron la campana del Fortín Saavedra a Barrero Grande, cumpliendo una promesa por haberlos protegido de la muerte. 81 años después, se devela el secreto.
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Por Andrés Colmán Gutiérrez

Fotos: Fernando Calistro

Video: Stefanie Céspedes


Hasta hace unos días, era un absoluto secreto...

Aunque la pequeña y tosca campana de hierro resquebrajado ha estado y sigue estando allí, a la vista de todos, entre otras históricas campanas, en lo alto de la torre de la iglesia San Roque de Montpellier, en la ciudad de Eusebio Ayala, Cordillera, por más de 81 años, eran muy pocos los que conocían su verdadero origen.

"Era uno de nuestros secretos mejor guardados, un poco por el temor de que alguien quiera arrebatarnos esto que es una reliquia para todo el pueblo, un auténtico trofeo de guerra que ya forma parte del patrimonio cultural e histórico de nuestra comunidad", explica el docente Almide Alcaraz, presidente de la Asociación Cultural Jukyty y del centro cultural El Chipá Literario, que busca revitalizar la historia de la antigua Barrero Grande con actividades como el Chipa Rape y la Marcha de la 3000 Banderas por el Mitã Rape, en Acosta Ñu.

Pero la historia debe ser viva y no debe ocultarse, para ser debidamente apreciada y compartida, para que contribuya a avivar la memoria y las señas de identidad, explica Almide.

Por ello, junto con Antony Velázquez Invernizi, joven director de Cultura de la Municipalidad de Eusebio Ayala, decidieron revelar el secreto y contar la historia de la campana protectora.

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SOBREVIVIR EN EL CHACO

Noviembre 7 de 1932. Una serie de combates se inicia en el camino entre el Fortín Saavedra y Alihuatá, durante la Guerra del Chaco (1932-1935) entre Paraguay y Bolivia.

Las tropas paraguayas del RI 3 Corrales empezaron a atacar, con posterior respaldo del RI 2 de Mayo, haciendo retroceder a los bolivianos, quienes debieron abandonar los fortines Boquerón, Arce y Alihuatá, los más avanzados que tenía Bolivia hacia el Chaco, retrocediendo hacia Saavedra.

Los bolivianos fortificaron sus posiciones en Saavedra. Los combates en el sector se prolongaron hasta febrero de 1933.

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Entre las tropas paraguayas que llegaron hasta Saavedra, en medio de intensos bombardeos, había un batallón completo de soldados procedentes de la ciudad de Barrero Grande, actual Eusebio Ayala.

"Fue allí, en las proximidades del Fortín Saavedra, en uno de los momentos más terribles de la batalla, cuando los soldados barrereños escucharon que sonaba una campana dentro del Fortín y, como no sabían a qué santo veneraban en ese lugar, se encomendaron a la propia campana para que les proteja de la muerte", narra Almide Alcaraz.

En medio de las trincheras, entre el zumbido de las balas y las explosiones de las bombas, los soldados prometieron que si llegaban a sobrevivir a la guerra llevarían la campana hasta su valle lejano para venerarla en la iglesia local, de San Carlos de Montpellier, un santo francés que es el patrono de Barrero Grande desde 1770.

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"Milagrosamente, la mayoría de los barrereños lograron sobrevivir y atribuyeron ese hecho a la protección milagrosa de la campana. Por ello, en 1935, cuando finalizó la guerra, fueron de nuevo hasta el Fortín Saavedra y bajaron la campana que estaba junto a una pequeña capilla, la cargaron durante cientos de kilómetros y la trajeron a nuestro valle", relata.

La campana del Fortín Saavedra está alojada en lo alto del campanario de la iglesia San Carlos de Montpellier, junto a otras dos campanas de la época de la Guerra del 70, que fueron salvadas de ser fundidas para la fabricación de balas y cañones durante la contienda. La del Chaco está frente a la casa vecina, en la que nació Eusebio Ayala, quien fue mandatario del Paraguay durante la Guerra del Chaco y es conocido como "el presidente de la victoria".

Hoy la campana solo suena en ocasiones especiales, con su resonancia histórica.