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Opinión
miércoles 15 de marzo de 2017, 02:00

La ambulancia averiada y una desidia que mata

Susana Oviedo – soviedo@uhora.com.py
Por Susana Oviedo

Imagínese que en la escuela, en la canchita del barrio, en la clase de judo o en el parque, su niño sufra un desmayo y no reacciona, y que para socorrerlo acuden de inmediato al centro de salud más cercano de la comunidad, tal como procedieron con la niña que el fin de semana murió en un taxi, tras rebotar del que hay en Nueva Italia, donde no había quién la atienda ni funcionaba la ambulancia.

Traslade esta escena a cualquiera de los municipios del área metropolitana de Asunción y piense que al llegar al sitio, angustiados, hallen como toda respuesta que no hay un profesional ni equipo para asistir al niño, por lo que hay que trasladarlo a un hospital, lo que se dificulta porque la ambulancia se encuentra averiada.

Entonces, desesperados procuran un taxi, y mientras llega este, ya se perdieron otros valiosos 20 minutos, y con ellos, la vida de una persona.

Este episodio de horror e impotencia puede padecer cualquier ciudadano, y forma parte de esas situaciones tan repetidas y normales, pero que nadie espera que le toque experimentar alguna vez.

Hace menos de un mes, un señor sintió fuertes dolores abdominales y vómitos en plena madrugada de un fin de semana.

Los vecinos lo trasladaron al hospital de Lambaré, donde sí había médico de guardia. Sin embargo, ¡qué médico! El profesional examinó al hombre, ordenó que le inyectaran algo, y se limitó a decir a una de las personas que acompañaron al paciente: "Decile a tu papá que deje de tomar". Luego recetó algo más que debieron comprar en la farmacia, de regreso a la casa.

El dolor jamás cedió; los familiares tuvieron que llevarlo a otro hospital donde fue sometido a una operación de urgencias, por peritonitis. Estuvo en terapia intensiva varios días, y ahora se halla en proceso de recuperación. El caso representa otra cara de la precariedad, desidia y deshumanización de los servicios públicos de salud que nos llevan a pensar: Si estas situaciones tienen lugar en localidades cercanas a Asunción, qué miedo provoca solo pensar en cómo se estarán reproduciendo historias como estas en el interior, donde los ciudadanos están menos acostumbrados a denunciar, viven casi resignados a los malos tratos en los servicios públicos en general, y el escrutinio del Gobierno central de la gestión de los funcionarios prácticamente no existe.

En su intento por justificar lo ocurrido en Nueva Italia, el director del centro de salud local, donde no pudieron ofrecer nada a la niña de 10 años, desnudó aún más su inoperancia y la de sus colaboradores.

Por supuesto, recurrió a la tradicional "persecución política" para ubicarse él en plan de víctima, y en ningún momento lamentó la pérdida de una joven vida, la verdadera víctima de un sistema de salud malo, como si fuera absolutamente normal la situación. ¡Lamentable!