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sábado 15 de abril de 2017, 01:00

Kurusu Cerro, punto de credo en Atyrá

“¡Crucifícalo!, ¡crucifícalo!”, se oye gritar a una enardecida turba encabezada por miembros del Sanedrín y soldados romanos que se abren paso entre la multitud. Las miradas posan sobre un hombre encadenado y de lejos no se puede dilucidar qué vestuario resulta anacrónico cuando, inesperadamente y sin querer, los espectadores se vuelven parte de la representación teatral de la Pasión y Muerte de Jesús.

Son las 9.30 y en la escuela Brígido Rodríguez, de la compañía Zanja Hû, de Atyrá, se desarrolla la primera estación de la 9º edición del Via Crucis organizado por la comunidad juvenil Pasión de Cristo.

La representación de los episodios más notables de la Pasión de Cristo, a lo largo de 1,5 kilómetros hasta la cima del Kurusu Cerro, es una ceremonia impostergable para los vecinos de la compañía, pobladores de la ciudad y las decenas de turistas nacionales –e incluso extranjeros– que se quedan maravillados por la puesta en escena.

Minutos antes de que se inicie el Via Crucis, el pabellón principal de la escuela, que luce ornamentos que lo transforman en un verdadero pretorio (palacio en el que habitaba un gobernador romano), ya le da al espectador una idea de la calidad del trabajo hecho por los jóvenes.

Por esta razón, el modo cámara de los teléfonos móviles estuvo activo al menos en esas dos horas que duró el recorrido. Todos los jóvenes y adultos querían tener un recuerdo de esta gran puesta en escena que involucró a más de 120 actores. “Ojapo porãiteiko hikuái”, decía sorprendida una de las decenas de señoras.

LLANTO. Ninguna obra dramática –de teatro o cine– causa un impacto grande en las emociones humanas sin otro de los componentes elementales: la música. Desde el inicio del Via Crucis, el soundtrack de la película La Pasión de Cristo (2004), de Mel Gibson, marcó el paso de las estaciones gracias a un parlante itinerante.

Con esta ambientación, principalmente las personas mayores no pudieron ocultar el llanto al ver a Cristo siendo azotado por salvajes soldados y maltratado a los gritos por el gentío que pedía que lo crucifiquen.

La cima. Después de 1,5 kilómetros de recorrido por un sendero de tierra roja, Jesús llega a Kurusu Cerro para ser crucificado. A diferencia del Gólgota o Monte Calvario, esta serranía exhibe una abundante vegetación. Muchos no pudieron llegar hasta la cima porque el camino resultó muy empinado.

“Todo esto es muy emotivo porque toca en lo más profundo de nuestra fe. Subir el cerro, con los niños y los adultos, es grandioso”, señala Antonio Gamarra, oriundo de Minga Guazú.

Alcides Candia, del grupo juvenil Pasión de Cristo, resaltó el éxito de esta novedosa actividad, que gracias a las redes sociales y al eco de los medios de comunicación hoy se conoce más. “Con el apoyo de las instituciones y de los jóvenes iremos mejorando cada vez más”.

Úrsula Bareiro, coordinadora, resalta la colaboración de los vecinos de la comunidad, quienes, tras 9 años, ya se sienten orgullosos de la representación. La idea del Viacrucis nació en un grupo de jóvenes que soñaron con ponerle a Zanja Hû en el mapa de visitas de la Semana Santa.