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Arte y Espectáculos
martes 9 de agosto de 2016, 19:36

Julieta, el drama seco de Almodóvar

Se encuentra en el Cinemark Paraguay la vigésima película de Pedro Almodóvar, el reconocido director español de películas como "Todo sobre mi madre" y "Volver". Ha regresado con un drama de mujeres que brilla visualmente, pero tiene desniveles en la transmisión de sentimientos y desarrollo de personajes.

Por José Biancotti | jbiancotti@uhora.com.py

Sinopsis: Julieta está basada en tres relatos del libro Escapada (2005), de Alice Munro. Estos son: "Destino", "Pronto" y "Silencio". En la primera historia conocemos a Julieta, una joven maestra que se enamora en un tren al mismo tiempo en que sucede un accidente que le provoca aflicción. El segundo relato presenta a una Julieta más madura, con una hija, de visita en la antigua casa de sus padres. En la última parte, Julieta sufre porque su hija, Penélope, la abandona a causa de un retiro espiritual.

Almodóvar tomó esta historia para confeccionar una adaptación libre: cambió el nombre de los personajes y la ubicación; tomó las características de la mano de la autora para traducirlas en su propio lenguaje cinematográfico: la sobriedad de la prosa se convierte en precisión visual y las introspecciones se expresan mediante la voz de Julieta, que recuerda momentos importantes de su pasado mientras escribe una carta.

Atención: se revelan detalles importantes del argumento.

Alice Munro es una autora canadiense que se enfoca en los ambientes de sus personajes y escribe sus reflexiones de manera comedida y alejada del dramatismo.

No dedica demasiadas páginas a los sentimientos, pero sí los describe como parte vital de sus personajes. Probablemente, por ello Julieta no provoca demasiada empatía.

El filme se sostiene en gran parte de los acontecimientos, relatados como soliloquios. No hay mucha muestra de expresiones dramáticas entre los personajes o momentos que profundicen la relación entre ellos, tal como la sociedad concibe una relación.

Es una costumbre de Almodóvar hacer hablar a sus personajes para resolver las historias, como sucede en La piel que habito, donde conocemos el origen de la unión entre los protagonistas gracias a un flashback y el recuerdo de uno de los personajes.

Para su vigésimo filme utiliza el recurso de la narración oral para que sea Julieta quien cuente, a través de su carta, los sentimientos ("Tu ausencia llena mi vida por completo y la destruye") y los detalles de la historia ("elegiste un retiro espiritual en los Pirineos").

La técnica es de complemento y no se puede negar que funciona para aportar datos, teniendo en cuenta que existen detalles que no podrían ser narrados visualmente.

Pero es aquí donde debería entrar la mano del cineasta para obtener los símbolos a través de las imágenes o los parlamentos de sus personajes.

En ocasiones, la voz de Julieta solo aporta repeticiones, como cuando dice que su hija, Antía, "estaba pendiente" de ella y, en otra escena, se ve a la joven cargándola.

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La película, además, puede terminar alejando a quien busque un drama conmovedor porque el guion aparentemente busca mantenerse fiel al relato sobrio de Munro.

Volver y Hable con ella, por ejemplo, son filmes almodovarianos que sí logran una transmisión de sentimientos, porque cuando Penélope Cruz llora al enterarse de que su madre en realidad no está muerta o cuando Darío Grandinetti sufre al leer la carta suicida de su amigo, la empatía que alcanzamos con los protagonistas es instantánea.

Almodóvar tiene la posibilidad de retratar a Julieta en una bañera, sufriendo por la muerte de su pareja, y ese recurso puede suplir a muchas palabras escritas. El encuadre expresa muchas ideas y esa es la magia de una imagen: tiene vida propia.

Otro ejemplo del poder de una imagen se percibe en la escena en que Julieta escribe el momento en que su pareja muere. Vemos un plano de su rostro afligido por el pasado, que traducido en un texto de Munro diría: "Se estremeció, como le pasa a cualquiera, al descubrir la voz archivada y turbadora de un pasado inventado por uno mismo".

Aunque la película no se destaque demasiado en este sentido, presenta un buen manejo del paso del tiempo. La elipsis se retrata especialmente cuando la hija de Julieta, Antía, coloca una toalla sobre la cara de ella para revelar su rostro avejentado.

Julieta es también una película visualmente satisfactoria. La dirección de cámaras, el elenco de actores y los ambientes se ven muy bien elaborados y controlados.

La profundidad de los personajes

La culpa es un factor que impulsa a Julieta a actuar para cambiar su vida. Julieta depura su interior escribiendo en una carta los recuerdos de su hija, su amor muerto, sus padres y un desencuentro en un tren. Es la evidencia de que nadie conoce su vida.

El final del relato original nos presenta a Julieta aceptando el pasado y asimilando el vacío de la partida de su hija. Esa podría ser la justificación de la carta en la película.

Pero Almodóvar no otorga mucha importancia a la carta porque al final su Julieta prefiere que sus escritos se tiren a la basura. No se queda en la asimilación y extiende su relato cinematográfico sobrecargando el panorama existencial del personaje.

La Julieta de la película decide investigar el paradero de su hija con ayuda de la Policía. Pero su precipitada acción le permite entender que nunca la conoció profundamente y podemos percibir que la mujer no puede comprender por qué su hija la dejó sola.

Al menos eso es lo que ella dice al recordar su desesperación. En realidad, en la película no se ven muchas escenas entre Antía y ella. Somos testigos del momento en que la niña pesca y no tiene deseos de ir a un campamento, pero luego de eso no hay otro momento familiar que sirva al espectador para entender la ausencia del lazo maternal.

Por eso tomamos la partida de Antía como una sorpresa, porque no hubo presagio.

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La distancia entre Julieta y Antía, según la historia original, tiene una razón de ser. Julieta era una joven que leía muchos libros y disfrutaba conversando con su padre, a quien respetaba intelectualmente por su profesión de maestro; no sentía lo mismo por su madre y se molestaba cuando ella los interrumpía mientras hablaban en la cocina.

De adulta, vuelve a la casa de sus padres y discute sobre la existencia de Dios con un pastor de iglesia, amigo de su madre. Es cuestionada porque no le inculca creencias religiosas a su hija y ella responde encolerizada que se niega a criar a su hija en la mentira. El pastor le dice, como si se tratara de una premonición, que evitar hablar de la religión es lo mismo que negar alimento. Y, varios años después, Julieta oye atónita que su hija "se ha acercado en un estado de extrema necesidad" a un retiro espiritual.

Julieta vuelve a la casa de su madre, en ocasión de su entierro, y siente culpa porque piensa que nunca la protegió y la dejó en un segundo plano cuando todavía vivía.

Los aspectos de esta historia nos preparan para una separación entre Julieta y su hija, y eso es algo que la obra de Almodóvar no consigue por las razones ya expuestas.

El director tal vez busca prepararnos de otra manera: con un personaje que condena a Julieta por priorizar su profesión y por no quedarse a cuidar a su familia.

El dolor de Julieta es, por otro lado, un elemento que podría haber calado mucho mejor en el espectador si al menos se hubiese conocido el pasado amoroso entre ella y su pareja, Xuan. Pero esto no sucede: Julieta lo conoce y todo sucede de manera abrupta.

Hasta que muere.

Su abandono pasa desapercibido, como si no se tuviera en cuenta que la muerte de este personaje es sinónimo de profundo dolor para Julieta. ¿Cómo logramos entender su dolor si no hemos sido testigos del desarrollo progresivo de este lazo amoroso?

¿Pero por qué es tan importante desarrollar el amor entre Julieta y Xuan y el desapego entre Julieta, su madre y su hija Antía? Porque todo está conectado. Si Julieta no hubiera perdido a su pareja y si no hubiera sido criada como fue criada, las cosas hubiesen sido diferentes. Tal vez Antía no se habría ido y la historia se cambiaría.

Si el consumidor de esta historia conociera todos estos detalles, tal vez llegaría a sentir realmente el dolor de sus protagonistas. Pero no puede haber comprensión profunda si los personajes se limitan a ser unos retratos que necesitan de una historia que los sustente para que podamos entender completamente el trasfondo de sus trazos.

Antía se despide de Julieta y le pide que no la acompañe a la terminal porque sabe que odia las despedidas. Aquí vemos un primer plano de Xuan porque él se relaciona directamente con las palabras de su hija. Julieta lo recuerda en ese momento porque su memoria sigue reteniéndolo. Y eso no sucedería si el personaje fuera un accesorio.

Silencios

Las faltas, empero, no son errores, sino más bien silencios, aspectos que quizás no se desarrollaron explícitamente porque el director buscaba ser fiel al relato original. Y la historia de Munro se caracteriza por no buscar la lágrima fácil: es literatura realista compuesta por personajes que no se desgarran aunque se encuentren sufriendo.

El tono melancólico de Munro, en cambio, se vuelve conciliador en el final de la adaptación de Almodóvar. En el momento en que Julieta recibe una carta de Antía, quien sufre una pérdida, la esperanza renace porque su hija necesita su apoyo.

"Pienso en ti", le dice su hija en el mensaje, indicándole la dirección de su casa. Julieta dice que estará con ella, pero que no le hará ningún reclamo. Y de pronto se escucha a la cantante mexicana Chavela Vargas cantando a la persona amada, diciendo que daría lo que fuera por volver a verla y que moriría si la abandonara. Como si fuera Julieta.

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