3 de diciembre
Sábado
Nublado con chubascos
21°
27°
Domingo
Mayormente despejado
20°
31°
Lunes
Mayormente despejado
23°
35°
Martes
Parcialmente nublado
23°
33°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
martes 19 de julio de 2016, 17:50

Jugar en lo alto

Hubo una época en la que hacer volar pandorgas era todo un arte. Si bien este hábito se ha perdido, todavía hay quienes se resisten a olvidarlo.
Por Fátima Schulz Vallejos / Fotos: Javier Valdez

Apenas el viento toma un nuevo rumbo, el cielo se convierte en el escenario ideal para que las pandorgas vuelen libres y coloridas. "Ya es la época", dice don Olivario Mendieta, propietario de La Fábrica de Pandorgas y quien, desde el barrio Santa Lucía de Lambaré, se dedica a fabricar cometas desde hace 36 años.
Día tras día, sin parar –sobre todo en invierno–, él prepara pandorgas con la ayuda de su esposa, sus hijos y sus sobrinos, para satisfacer a todos los clientes que llegan desde Encarnación, Ciudad del Este, Pilar, Pedro Juan Caballero y Villarrica.
En realidad, su oficio es el de pintor de obras, pero de niño aprendió a hacer pandorgas mirando a sus primos y tíos, por lo que, en invierno, cuando el trabajo disminuye, se dedica a crear esta alegría para los más pequeños.
Dice que empezó fabricándolas para sus hijos, que luego iban a hacerlas volar cerca de la escuela, hasta que se acercaban vecinos y amigos curiosos con la intención de comprarlas.
Sus primeros trabajos fueron con papel de seda, pero debido a la fragilidad de este material, poco a poco lo fue reemplazando por plástico, para hacer las cometas más resistentes. "Las criaturas quieren tenerlas por mucho tiempo y, si las de papel se caen, ya se rompen. Entonces las ahora hago de hule, que duran mucho más", agrega.

Otros tiempos

En una época en que había pocas tevés, un solo canal de televisión y en que la diversión generalmente se desarrollaba al aire libre, en las calles, veredas o parques, hacer volar pandorgas figuraba entre los juegos preferidos de chicos... y grandes.
Frases como: "¡Dale hilo! ¡Dale hilo!" o "¡Está coleando! ¡Estirá más!", se convirtieron en clásicos de la calle y la infancia, cuando padres e hijos o amigos, se juntaban a disfrutar de largas jornadas.
Volar una pandorga era todo un arte. Al principio de papel y más tarde de tela de hule de colores, con diseños de superhéroes, dibujos animados o clubes.
Los chicos engalanaban el cielo con pandorgas, pero la mayor aventura era hacer una propia desde cero. Liña (hilo de ferretería), plástico o papel de diario, tacuaritas y cinta adhesiva bastaban para pasar unas horas bien entretenidas. Y después, ver volar la propia creación era lo más mágico de la tarde.
Con la práctica, los chicos se iban perfeccionando y ya se empezaban a hacer pandorgas raras, con diferentes formatos y tamaños. De repente aparecía alguien con la famosa "cartita", un papelito que ponían en el hilo y hacían subir hasta el cuerpo de la pandorga. Lograrlo ante la vista de los amiguitos del barrio era la mayor satisfacción que podía tener un niño.
Incluso invitaba a desafíos. Algunos ataban a la cola una hoja de afeitar partida por la mitad, con el filo hacia arriba, para tratar de cortar a otra pandorga. El juego consistía en destruir al cometa enemigo. Esa era la guerra: ver quién cortaba primero al otro. A veces, la lucha podía durar mucho tiempo, pero nada era más importante que salir victorioso de la batalla.

Capital de la pandorga
Pero los tiempos cambian. La era digital trajo consigo el uso masivo de las tecnologías, lo que ha llevado a que esta actividad quede un poco en el olvido para dar paso a los juegos electrónicos, la computadora o el celular. Es por eso que desde hace cinco años, la Asociación de Pandorgueros Unidos de Itapúa (Apudi) se formó con el objetivo de incentivar el vuelo de pandorgas en la Costanera de Encarnación y aprovechar los espacios verdes que tiene la ciudad. "Nuestra idea es apartar un poco a los niños de la tecnología y tratar de unir a la familia en los espacios al aire libre", cuenta Édgar Gómez, presidente de la asociación.
Las pandorgas de Apudi no pasan desapercibidas en el cielo encarnaceno. Allá, las tradicionales, hechas con tacuaritas y liñas, son reemplazadas por otras más modernas: las inflables, realizadas por los mismos socios. Para estas utilizan telas impermeables, algunas nacionales y otras importadas de China, que son utilizadas para cosas más grandes. Y es así como el pulpo de 20 metros, el oso y el tigre de 10 y otras figuras gigantescas cobran vida cuando el viento se pone a su favor y hace volar las cometas los días feriados y fines de semana, para compartir una jornada distinta en familia. Incluso, la asociación ya ha conseguido un predio para realizar sus actividades en un lugar ubicado frente a la playa San José, al que denominaron Pandorgódromo.
También preparan su tradicional festival del Día del Niño, en el que anualmente la asociación sin fines de lucro regala pandorgas y merienda a los chicos. "En otros países esto es una cultura. Sin embargo, acá, a los que volamos pandorgas nos tienen de locos o tekorei. Pero lo hacemos porque queremos transmitir este juego sano de generación en generación, para que no se pierda el hábito", dice entusiasmado Gómez.

Secretos al viento
Algunos recordarán a Charlie Brown o Carlitos, el niño pelado y de remera amarilla, mítico personaje de las tiras de Snoopy y sus amigos. Un chico cuya mayor frustración era el no lograr volar una cometa. Sin embargo, siempre estaba ahí haciendo el esfuerzo. No todo fue mala suerte en su vida: después de incontables intentos, lo consiguió. Y quizás haya sido justamente esa perseverancia el misterio de su éxito.
Don Olivario nos explica el verdadero secreto para que la pandorga se quede firme en el cielo. "El armaje tiene que estar medido con precisión, porque si no, no sube alto. Si el armaje y el barbijo están bien, la pandorga está bien hecha, y con el viento se va a quedar quietita y firme arriba", explica. Misterio develado. Después de todo, a lo mejor Carlitos no era tan culpable de que su pandorga tardara tanto en emprender vuelo.
Ya lo dice don Olivario: "Salir al aire libre, compartir con los demás, ver a los chicos alegres y divirtiéndose sanamente, es muy lindo. Ojalá que de a poco esta actividad se revalorice", expresa, mientras prepara el armaje que alegrará la tarde de otro chico.
Hacer volar pandorgas es una actividad antigua, pero que se resiste a pasar de moda. No importa la edad, porque, a fin de cuentas, muchos de nosotros alguna vez anduvimos jugando en la vereda de la infancia con un cometa. Y era casi como tocar el cielo con las manos, ¿o no?
...............................................................
Costumbre de antaño
Las pandorgas nacieron en China para cuestiones bélicas, ya que por sus colores y movimientos formaban mensajes que permitían la comunicación a distancia entre destacamentos militares. Pero siglos después, los mismos chinos las perfeccionaron para diversión de niños y adultos. Actualmente, es un juego que está en decadencia, ya que cada vez vemos a un número menor de personas elevar alguno de estos curiosos artefactos. Sin embargo, este hábito ha sido transmitido de generación en generación por padres que buscan incentivar y motivar a sus hijos a que continúen practicándolo. Aunque la tecnología esté avanzando, todo niño merece jugar y elevarse con una cometa.
...............................................................
Cómo hacer una pandorga

Paso 1
Paso1
Juntar cuatro tacuaritas de alrededor de 64 cm cada una, sujetarlas fuerte con la liña y dar vuelta el hilo por cada una. Con un cuchillo, cortar cada una de las puntas de las tacuaras para hacer pasar la liña, pero antes pegar un pedazo de cinta adhesiva en cada lado. La medida ideal entre cada abertura es de 20 cm. El armaje quedará con una forma octogonal.

Paso 2
Paso2
Pegar cinta adhesiva al plástico en cada parte en que irá la punta de la tacuarita. Esto es para evitar que el hule se rompa al coser. El plástico ideal es de 40 micrones.

Paso 3
Paso3
Doblar el hule alrededor de la tacuara, coser con la liña y una aguja gruesa y atar cada extremo. Los bordes sobrantes del hule se pueden cortar y pegar con cinta adhesiva

Paso 4

Paso4
Para el barbijo, utilizar tres hilos de unos 20 cm de largo, de modo a que formen un triángulo perfecto, partiendo uno del centro y otros dos de los lados superiores: izquierda y derecha. A esto se le añade el hilo que ayudará a remontar vuelo y sostenerlo. Hacer bien este trabajo garantiza una pandorga de alto vuelo.

Paso 5
Paso 6 PANDORGA13.jpg
La pandorga también debe tener otro barbijo, el de la cola. Se trata de dos hilos que salen de la parte inferior, derecha e izquierda, formando otro triángulo perfecto. En su unión se coloca la cola del cometa, que no debe ser ni muy liviana ni muy pesada, ya que la misma sirve de lastre de elevación. Se pueden pegar las piriritas que le añaden coquetería.