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Opinión
domingo 16 de julio de 2017, 01:00

Jubilación

Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com
Por Benjamín Fernández Bogado

Si la juventud es la esperanza del mañana, los jubilados en su tiempo son los que les permitirán que tengan algún futuro. O si no, que lo digan quienes han conseguido que la Corte Suprema de Justicia interprete que no deben irse del servicio público a los 65 años o que gobernadores o congresistas se empeñen, a como sea, en conseguir algo que les garantice un futuro jubilatorio dominado por la incertidumbre. Lo que pocos analizan –o si lo hacen, lo centran en el egoísmo más profundo– es que hay una generación del bono demográfico que con esta realidad no entrará a tomar el control de sus vidas, del país ni de su futuro, si los que están se empeñan en continuar ocupando un puesto de trabajo; en especial, en el sector público, hasta que les alcance la muerte.

Están aquellos en el otro extremo que se jubilan un poco pasados los cuarenta años: los maestros. Estos que vienen del sector público y en donde en pleno proceso de madurez ya van a ser parte del pasivo, sin embargo, son contratados por escuelas y colegios privados donde continúan entregando lo mejor que ya le han privado al carenciado sector público. Por un lado, hay quienes se jubilan muy pronto con la ayuda incluso de los hijos que les suman años de servicio y los otros que no quieren jubilarse jamás. En el medio, repito, una generación que en masa está pidiendo oportunidades laborales, pero para la cual solo le quedará seguir siendo "la esperanza del mañana", incluso cuando lleguen a la edad de 65.

La gran mayoría de las cajas de jubilaciones están quebradas o en proceso de serlas. El desorden, la corrupción, la imprevisión y el despilfarro pueden acabar dando una gran sorpresa a los que esperan a jubilarse de cualquier modo. Se pueden encontrar con la sorpresa de que los recursos ya no existen, y cuando se quejen, los infartos y otras dolencias derivadas apurarán el ingreso al valle de Josafat. Esto puede parecerse a la caja de jubilados bancarios que, por efecto de la crisis del sector en 1995 y malas administraciones, muchos de sus miembros se encontraron con esa infausta noticia.

Hay que organizar rápido y pronto el sistema laboral y jubilatorio paraguayo dominado por el precariato y el desorden. Un joven brillante graduado de las mejores universidades del mundo no tiene un futuro en este esquema. Jamás se podrá parecer al visitante que tuvimos esta semana: Jeffrey Sachs, que fue doctor en economía en Harvard a los 27 años e inmediatamente profesor de esa casa de estudios. Aquí alguien como él deberá esperar que la parca llame al profesor titular, que con suerte será antes de sus 90 años si desea hacer carrera.

Con millones de jóvenes esperando ingresar en la función pública, academia y sectores privados, estirar la jubilación al capricho de una interpretación de la Corte es criminal. Es de un egoísmo insultante y de un desprecio a la realidad social y económica que nos toca vivir. Estamos consolidando a la primera generación de paraguayos que no superará a sus padres con este tipo de acciones y eso no le conviene a la mayoría y no puede continuar así.

Entre los jubilados tempraneros y los que nunca se quieren jubilar estamos desarrollando el protocolo exacto para destruir este país en su matriz económica y de recambio.