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Economía
domingo 24 de julio de 2016, 01:00

Joseph: “Hay 459 pedidos de franquicias”

El afamado estilista José Asunción Espínola, más conocido como Joseph, proyecta abrir sucursales en el exterior, anunció en una entrevista con ÚH por motivo de los 25 años de la marca.

Pero esto no frena el crecimiento de los salones Joseph en Paraguay. “Mi objetivo es llegar a todo el país”, manifestó. Hasta ahora, cuenta con siete sucursales, ocho franquicias y dos locales en sociedad, tanto en Asunción como en el área metropolitana, y en el interior del país.

Prevén la apertura de dos franquicias más, en octubre una en San Lorenzo, y otra en diciembre, en Lambaré.

“Tengo 459 carpetas de gente que quiere abrir una franquicia con nuestra marca”, comentó. Sin embargo, Joseph no tiene ninguna prisa para hacerlo, debido a que se deben analizar varios aspectos para expandir la marca, especialmente, los recursos humanos. “El drama es que faltan muchos profesionales. Estamos preparando en el instituto, queremos aumentar la cantidad de egresados”, explicó.

La academia, ubicada sobre la avenida Boggiani de Asunción, es el semillero de los profesionales que trabajarían en los locales Joseph. El promedio de egresados de la academia es de 1.500 por año, mencionó el empresario.

Actualmente, en los salones trabajan 600 profesionales, que igualmente son capacitados de forma permanente, comentó Joseph.

Para el empresario, la capacitación es clave en el negocio de la belleza integral.

Historia. El empresario detrás de una de las marcas dedicadas a la belleza integral más grande de la región, nunca olvida su niñez en el campo juntando algodón, en su natal ciudad Dr. Juan Manuel Frutos, en Caaguazú. “Mientras juntaba el algodón soñaba con viajar por el mundo”, contó. Al terminar la secundaria, trabajó como ayudante de albañil en Paraguarí y luego vino a Asunción. Trabajó como panadero y luego estudió electricidad. Una descarga que lo tiró contra la pared lo hizo desistir de la profesión y por sugerencia de su madre, estudió peluquería en el Instituto Ramiro. Al recibirse, trabajó en un salón, primero como limpiador y luego como peluquero. Pero a los 26 años decidió abrir su local, una pieza de tres por tres metros cerca de la Terminal. Al lado, hoy se ve un impresionante edificio, que es la casa central.