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Mundo
martes 12 de julio de 2016, 09:49

Jonathan y Clarisa, la juventud que reinterpreta el tango

Guatemala, 12 jul (EFE).- Una historia de amor y de vida a través del tango. Así se podría resumir la concomitancia por la que discurren Jonathan Saavedra y Clarisa Aragón, una joven pareja de argentinos que en 2015 se erigieron campeones en pista del Mundial de Tango en Buenos Aires, "un sueño hecho realidad" que buscan superar: hay que dejar a un lado la etiqueta y sobrevivir al tiempo.

Con la ilusión de un principiante y la experiencia de quien lleva toda la vida sobre los escenarios, Jonathan y Clarisa reciben a Efe en Guatemala entre ensayo y ensayo. En solo cuatro días tienen cinco actuaciones y todo tiene que estar perfecto. No hay espacio para los errores.

Pero antes se sientan, con un mate entre las manos, para recordar sus inicios. Se conocieron entre tango y tango, en una milonga que se celebra desde hace muchos años al aire libre en Córdoba, de donde ambos son originarios. Clarisa, la mayor de cinco hermanos, venía de una familia de artistas: el apoyo para ella era algo indiscutible.

Jonathan, el menor de tres, se tuvo que enfrentar a sus padres, querían para él "algo seguro" -"algo entendible", reconoce con el paso del tiempo-, pero entonces, apunta, lo sentía de otra forma y no dudó en pelear para lograrlo: "Lo que a mí me pasaba por dentro era que yo sentía que había nacido para bailar".

Tenían 17 años cuando sus miradas se encontraron en la milonga y bailaron su primer tango. Ahí fueron conscientes de que lo que querían era bailar juntos. Luego, entre ensayos y funciones, nació el amor, ambos cayeron vencidos por el ardor y la pasión, aunque los dos insisten en que la primera intención siempre fue bailar.

"El tango es muy particular, hay mucho contacto, pero el contexto pasa a un segundo plano porque vas a disfrutar. Cuando se enlaza un cuerpo con el otro es totalmente energético, queda en uno si pasa a segundo plano o no", cuenta Clarisa, una joven de sonrisa infinita y tez morena que no para de gesticular.

Jonathan la complementa: "El tango tiene que estar entre medias" si no, no funciona.

Cuando están sobre el escenario en su mente solo hay una intención: transmitir todo lo que les hace vibrar el tango cuando bailan.

Es ahí donde sus piernas se entrecruzan sinuosamente entre giros y saltos. Jonathan acompaña la cintura de su pareja indicándole el camino a seguir con una mano firme y tersa. Las miradas juegan, como los pies, que buscan y se esquivan poniendo distancia donde no la hay.

Se mueven como si fueran uno solo y atrás dejan el estereotipo que ronda el imaginario colectivo con la letanía de que el "el tango es solo para viejos". Son la imagen fehaciente de una juventud tanguera: "Cuando éramos unos niños íbamos más a la milonga que al boliche, era como nuestra disco", sentencia Clarisa al echar la mirada atrás.

Tras erigirse campeones del mundo parece que no hay un sueño mayor, pero ellos lo tienen y es "seguir creciendo como si no tuviéramos nada y el día de mañana ser maestros reconocidos".

"Voy a explicar esto bien", incide Jonathan, "queremos que la gente se olvide de que somos campeones mundiales, eso para nosotros es muy importante". El fin, continúa, es que no sea necesario recurrir a ese cliché para saber que son buenos, hay que trascender al momento, a una época. Pero para ello, apunta la joven, se necesita tiempo: "No es de un día para otro. Son años y años de experiencia".

"Trabajamos mucho, pasamos muchas cosas. Nunca se termina de aprender. Es algo muy profundo, como aprender a conectar más con el otro", incide la joven de piel color azabache. Y en esta labor los dos se complementan, aunque el tango es todo sentimiento, Clarisa es más la parte técnica y Jonathan la sensorial y sentimental.

Atrás quedan los días en los que ponían la gorra en la calle para lograr algo "de plata" para sus clases bajo un frío gélido que atravesaba los huesos. O aquellos otros en los que pasaba por la mente tirar la toalla. El tango los hizo más fuertes, y la vida ahora los recompensa: "Son muchas más cosas buenas que malas".

Ahora, juntos viven todos los devenires de la vida: se desean, se odian, sufren, aman, ríen, lloran.... Jonathan y Clarisa mantienen una vida por y para el tango, porque para ellos es, en tres palabras, su "forma de vida".