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martes 18 de abril de 2017, 01:00

Jesucristo vive para siempre

Hoy meditamos el Evangelio según San Juan 20, 11-18.

San Agustín, al considerar la cercanía inefable de Dios en el alma, exclamaba: “¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!; he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba (...). Tu estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Me tenían lejos de ti las cosas que, si no estuviesen en ti, no serían. Tú me llamaste claramente y rompiste mi sordera; brillaste, resplandeciste y curaste mi ceguedad”.

“Cristo, Cristo resucitado, es el compañero, el amigo. Un compañero que se deja ver solo entre sombras, pero cuya realidad llena toda nuestra vida, y que nos hace desear su compañía definitiva”. Si contemplamos a Cristo resucitado, si nos esforzamos en mirarlo con mirada limpia, comprenderemos hondamente que también ahora es posible seguirle de cerca, vivir junto a él nuestra vida, que entonces se engrandece y adquiere un sentido nuevo.

El papa Francisco a propósito del Evangelio de hoy dijo: “María Magdalena llora, lo ve pero no lo reconoce, se da cuenta de que es Jesús solo cuando él la llama por su nombre; los discípulos de Emaús, deprimidos y con sentimientos de derrota, llegan al encuentro con Jesús dejándose acompañar por el misterioso viandante.

¡Cada uno por caminos diferentes! Buscaban entre los muertos al que está vivo, y fue el mismo Señor el que corrigió el rumbo. Y yo, ¿qué hago? ¿Qué camino sigo para encontrar al Cristo vivo? Él estará siempre cerca de nosotros para corregir el rumbo si nosotros nos hemos equivocado.

“¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?” Esta pregunta nos hace superar la tentación de mirar hacia atrás, a lo que fue ayer, y nos empuja a avanzar hacia el futuro. Jesús no está en la tumba, él es el Resucitado, el Viviente, el que siempre renueva su cuerpo que es la Iglesia y lo hace andar atrayéndolo hacia Él. ‘Ayer’ es la tumba de Jesús y la tumba de la Iglesia, el sepulcro de la verdad y la justicia; ‘hoy’ es la resurrección perenne a la que nos impulsa el Espíritu Santo, que nos da plena libertad”.

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal, y http://es.catholic.net/op/articulos/14702/la-aparicin-a-mara-magdalena.html)