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domingo 19 de marzo de 2017, 01:00

Irresponsabilidad para cuidar los soportes de la memoria

Uno de los aspectos más descuidados de nuestro país es el de la preservación de su memoria histórica. Muchos de los lugares, edificios, papeles diversos, sitios donde ocurrieron grandes acontecimientos históricos y otras formas tangibles de preservar los recuerdos significativos están totalmente abandonados y, en algunos casos, en vías de desaparición completa. El descubrimiento del deplorable estado en el que se encuentran varios importantes documentos de la Policía Nacional es solo la evidencia más reciente de ese crónico olvido que sufre el patrimonio que nos permite descifrar el pasado y proyectarnos al futuro. Es hora de que esa actitud irresponsable termine y se inicie una etapa de valoración efectiva de cuanto atañe a la vida de la Nación.

Mientras otros países protegen celosamente su patrimonio tangible e intangible con la clara conciencia de que están preservando un valioso legado que tiene que perdurar por siglos, aquí reinan la desidia y el menoscabo de cuanto debería haber sido resguardado con responsabilidad inquebrantable.

Bastará con hacer un recorrido por la historia para ver que muchos edificios significativos, que hablaban por sí solos como testimonio de una época o albergue de personalidades, han sido reducidos a escombros sin más ni más. Nada digamos de los lugares históricos. La más reciente prueba de ello es Acosta Ñu, que estaba sumido en un total abandono. A ello se podrían agregar otros sitios de similar contenido patriótico.

Los documentos obrantes en papeles no han sido beneficiarios de mayor fortuna. Roídos por las polillas, devorados por la humedad, convertidos en polvo por el transcurso natural del tiempo o reducidos a cenizas por el fuego, han hecho desaparecer o borronear el rastro escrito y gráfico de segmentos relevantes del pasado nacional.

La Dirección General de Verdad, Justicia y Reparación (Dgvjyr), de la Defensoría del Pueblo, acaba de constatar en un espacio que se mal llama Centro de Documentación y Archivo de la Policía Nacional –porque no reúne los requisitos fundamentales para cumplir su rol– el más absoluto abandono en el que se encuentran documentos históricos trascendentes para interpretar con pruebas nuestro pasado.

Los papeles hallados son de la Policía Nacional y de su predecesora, la Policía de la Capital. Allí se expedían las cédulas en la dictadura y, por lo que se comprobó, también se depositaban documentaciones de las comisarías y otras dependencias policiales.

A estar por los papeles hallados en lo que se dio en llamar Archivo del Terror, los que se encuentran sobre la calle Azara entre Estados Unidos y Tacuary también han de ser de singular valor para entender mejor cómo operaba el organismo represor que hacía girar la seguridad en la protección de los personeros del régimen despótico, la persecución de los disidentes y la implantación del miedo en todas las esferas.

Ahora que la situación de ese patrimonio de la memoria del Paraguay es conocida, es de esperar que el comandante de la Policía Nacional, Críspulo Sotelo, en la mayor brevedad posible informe a la ciudadanía qué se hizo y qué se hará para rescatar, proteger y preservar la documentación hallada.

El acervo de información pública debe estar a disposición de aquellos investigadores que desean hurgar en el archivo policial para buscar las huellas ocultas de nuestro país y dar a conocer sus hallazgos para no repetir las tragedias del horror y la crueldad.