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Economía
lunes 15 de mayo de 2017, 01:00

Inversiones exigen racionalidad

Luigi Picollo Vicepresidente del Club de Ejecutivos.

La estrategia de crecimiento sostenible es que los fondos de la inversión necesaria no salgan del bolsillo de cada paraguayo como endeudamiento soberano, sino del bolsillo de los inversionistas que asumen el riesgo.

Por un lado, está la estrategia del Gobierno de realizar inversiones pagándolas con deuda. Tal es el entusiasmo, que ya se lanzan globos sondas para sentir la opinión de la hipótesis de suspender la Ley de Responsabilidad Fiscal, o aumentar al doble el déficit máximo conforme se cumplan unas abstractas condiciones, y hasta cambiar la definición de cómo se calcula el déficit. El problema aquí es que la deuda tiene un límite máximo, pasado ese límite se vuelve peligrosa. Los técnicos financieros del Gobierno pueden presentar varios argumentos relativos a ese supuesto límite, según el santo de su devoción como puede ser el FMI, el Banco Mundial, BID, etc.

Pero en la práctica el límite no es un número estático, sino es dinámico, cambia según el endeudamiento de los países emergentes, del desempeño económico del Paraguay, del nivel crediticio de los países que nos acompañan en el Mercosur, etc. Entonces, al ser dinámico, cuando el límite de deuda que el mercado pase a exigir sea menor del que en ese momento tenemos, estaremos en problemas. Pues el Estado engorda, y casi nunca adelgaza. En otras palabras, solo después de haber cruzado la luz roja nos daremos cuenta de que nos endeudamos demasiado.

Por otro lado, está la estrategia de fomentar inversiones atrayendo inversionistas extranjeros y canalizándolos a un negocio ya existente, pero que requiere mucha inversión, es el caso de la APP. Este modelo es interesante, porque no tiene límites y no implica endeudamiento del Estado. Existen un gran número de necesidades de inversión en un país como el nuestro, y muchos son lo suficientemente grandes, especializados, y atractivos económicamente, para que esa inversión la haga un privado en formato APP. El tema está en que en esta estrategia aún no somos maduros, serios, confiables, consistentes, previsibles, respetuosos, y especialmente razonables, como sociedad y como Estado.

Entonces aquí parece que de repente nos ponemos más papistas que el papa, y pasamos a exigir a estos inversionistas niveles de excelencia que nosotros mismos no cumplimos. Exigimos al inversionista que no se haya equivocado nunca en ningún negocio en ningún país del orbe, mientras que nosotros mismos no cumplimos nuestras propias leyes, puesto que tenemos una evidente inseguridad jurídica y una alevosa impunidad. Los juzgamos de antemano, mientras si fuésemos razonables, bastaría con abrirles las puertas y exigirles que cumplan lo que han firmado aquí y ya. Exigir al otro lo que uno mismo no cumple es hipocresía.

Además, cuando estos inversionistas ya hayan presentado sus ofertas hacemos el patético show de que los mismos órganos del Estado se pelean por ponerle el palo en la rueda al otro, cuando un ente contralor acusa a otra entidad de haber manejado equivocadamente el proceso. O sea, el jurado pasa de la arrogante postura de exigir impecables y perfectas notas al inversionista (el cual ya se siente en el banquillo de los acusados), para luego bajarse del púlpito para intercambiar improperios frente a los inversionistas. El jurado está constituido por un bando de funcionarios públicos asalariados que difícilmente pueden ser desvinculados por mal desempeño de sus funciones. Mientras tanto el inversionista tiene un cheque de USD 100.000.000 en el bolsillo para invertir (cheque que de otra forma va a terminar saliendo del bolsillo de cada paraguayo cuando el Estado tenga que endeudarse para cumplir con la necesaria inversión). Una escena por lo mínimo indignante.

Atraigamos inversionistas, tratémoslos razonablemente, exijamos que cumplan lo ofertado y pactado, dejemos de endeudar al Estado, y así vamos a crecer sin cesar. Que el mayor límite no constituya nuestro cinismo de exigir que "el otro" sea ejemplo de lo que "no somos".