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Opinión
miércoles 15 de marzo de 2017, 02:00

Impuesto al azúcar

Guido Rodríguez Alcalá
Por Guido Rodríguez Alcalá

"Comer sano" es lo único objetable de un artículo publicado en ABC, el 3 de marzo, con el título de Prevenir y no engordar. No se puede comer sano, porque sano es un adjetivo y un adjetivo no modifica un verbo; sí, por ejemplo, comer bien.

Quitando la gramática, el artículo tiene sentido: de cada tres alumnos de las escuelas y colegios, uno tiene un exceso de peso o es obeso. ¿La razón? El consumo de la comida chatarra o comida basura, la que tiene un exceso de sal, grasa y azúcar, dice una funcionaria del MEC y con fundamento; existe un libro sobre el tema, que menciono más abajo. La funcionaria cita un informe de las Naciones Unidas: la publicidad engañosa hace aumentar el consumo de ese tipo de comida, que comprende las fritangas y bebidas azucaradas. ¡Plenamente de acuerdo!

Sobre el punto, puede verse un interesante documental, Fed Up, disponible en Netflix y en internet. En resumen, el documental dice que la mala comida y su propaganda han provocado una epidemia de obesidad.

¿Qué se puede hacer contra una epidemia? Combatirla con medidas racionales, como lo hizo Michael Bloomberg, cuando fue alcalde de Nueva York y se convirtió en el enemigo del azúcar, la grasa, el alcohol y el tabaco. Durante su gestión, aumentó el promedio de vida de los neoyorkinos, lo cual permite afirmar que las medidas del alcalde surtieron efecto.

Bloomberg asesoró al Gobierno uruguayo en su campaña contra el tabaquismo, que redujo el cáncer, y pudo vencer la vergonzosa oposición de la tabacalera Philip Morris, que inició una demanda internacional contra el país por haberle hecho perder dinero en beneficio de la salud. Bloomberg asesoró al presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, quien redujo la obesidad con un impuesto a las bebidas azucaradas, la principal fuente del consumo excesivo de azúcar. El ejemplo ha motivado a otros países a hacer lo mismo, y pienso que el Paraguay debería tomarlo en cuenta.

Sal, azúcar, grasa, es el título del libro de Michael Moss, bestseller en los Estados Unidos, y publicado en castellano con el título de Adictos a la comida basura. Después de leerlo, se lo presté a un amigo, un destacado neurólogo, para que me explicara ciertas cuestiones técnicas que me resultaban difíciles.

No puedo entrar en detalles sobre sus explicaciones, y me limitaré a una cuestión: el azúcar refinado, además de malo para la salud, es adictivo, y los fabricantes de comida basura lo utilizan en cantidades excesivas para aumentar sus ventas. No es que les echen más azúcar a sus productos, sino que la dosis se determina sobre la base de investigaciones científicas, emprendidas para determinar de qué manera se estimula mejor cierto centro de gratificación del cerebro. Es un cálculo racional desde el punto de vista económico, pero irracional desde el punto de vista de la salud humana.